Viernes 17 DE Enero DE 2020
Opinión

Retrato hablado de una alianza criminal

Jose Rubén Zamora

Fecha de publicación: 14-01-20

Allan Rodríguez, el flamante presidente de la nueva Junta Directiva del Congreso de la República, es un político amateur, inexperto, improvisado; sin embargo, conocido contratista parasitario del Estado, ejecutor de obra pública asignada solapadamente a diputados, sobre todo de García Gudiel (por medio de su sobrino, operador y viceministro de Cultura y Deportes Mario Monterroso Gudiel) y de Sandino Reyes, entre otras joyas, en Fopavi y en el Ministerio de Cultura y Deportes, con 15 denuncias en el MP por deficiencias en la construcción de diferentes contrataciones del Estado. 

Sofía Hernández, la recién estrenada primera vicepresidenta del Congreso, con alrededor de una década como diputada, en su momento, muy, pero muy allegada a Roxana Baldetti, es miembro prominente del cartel de Los Huistas. Tiene a su hija e hijo con escaños en el Legislativo y su yerno, el exdiputado Jaime Regalado, es embajador en Nicaragua. Todos, iconos paradigmáticos de su prominente y poderosa familia, dedicada con éxito, a los negocios de polvo blanco que no es harina.

El segundo vicepresidente, Luis Alfonso Rosales, abogado de Ríos Montt, quien junto al pillo de Alfonso Portillo, el grupo de exoficiales de inteligencia, dueños y señores de fronteras y aduanas de puertos y aeropuertos, encabezada por Ortega, Salán y Rojas y los carteles de drogas, en una amalgama de intereses criminales, los que condujeron los destinos de Guatemala, entre 2000 y 2004.

El tercer vicepresidente, Armando Castillo, director de Covial en el gobierno de Jimmy Morales, es operador de negocios de Othmar Sánchez; su visión y ambición es seguir alimentándose exponencialmente de los recursos del Estado.

El primer secretario es Felipe Alejos, basta decir, baluarte, operador y activo impulsor del ‘Pacto de Corruptos’; además de experimentada sanguijuela de las instituciones públicas. 

El segundo secretario, Rudy Pereira de FCN-Nación, ha sido presidente de la Comisión de Finanzas del Congreso, y saltó a la fama cuando asignó fondos a oenegés de diputados, entre ellas varias entidades “filantrópicas” de Felipe Alejos, y debido también a que estableció bolsones millonarios de obras destinados a legisladores, a cambio de sus votos para que aprobaran el Presupuesto de 2020.

Hernán Morán, cuarto secretario, es investigado por sus vínculos con el narcotráfico en Escuintla.

El quinto secretario es Santiago Nájera, con seis legislaturas, o 24 años con curul. Ha representado a la UNE, al FRG y al propio pillo de Portillo; participó en la estafa de Q82 millones junto a otros diputados corruptos de colección y la financiera fantasma MDF, propiedad de un ex consuegro de Roxana Baldetti en aquel entonces. Por cierto, Nájera recibió el contrato para la construcción de una carretera en Jutiapa, a cambio de su apoyo para preservar el derecho de antejuicio para Jimmy Morales.

Casualmente, la elección de este genuino ‘dream team’ de la narcocleptocracia fue posible, gracias a siete votos de la UNE que responden a los intereses de ‘la Doña’. Precisamente, los votos que necesitaban para imponerse. En esos antros organizados para la corrupción y el crimen, no hay casualidades.