Viernes 17 DE Enero DE 2020
Opinión

Letras para todos

Entonces me doy cuenta de la importancia que tiene y seguirá teniendo el aprendizaje y comprensión de la lectura en el desarrollo de una nación, el pueblo y los individuos.

Fecha de publicación: 14-01-20
Por: José Barnoya

No sé si fue mi madre o de repente fue el viejo quien me inculcó la sana costumbre de leer diariamente. Esa es la razón por la que todos los días abro cualquiera de nuestros periódicos para leer las páginas de opinión. Apareció en Prensa Libre la efigie amable de Tasso Hadjidodou afirmando que padecía no de desnutrición, sino que de “lectura asidua”, una enfermedad incurable contraída en la infancia. Casi al mismo tiempo se presenta en elPeriódico Méndez Vides quien afirma con pluma certera: “Nuestro anquilosado e ineficaz aparato de educación nacional se encargó de formar en las últimas décadas a una multitud de técnicos mal capacitados, que no pueden trabajar eficientemente, que apenas sacan la tarea según pueden, imposibilitados de elevar la productividad de la nación. Son toda una generación ocupando los empleos y compartiendo con sus colegas el mismo bajo nivel de comprensión del universo”.

Entonces me doy cuenta de la importancia que tiene y seguirá teniendo el aprendizaje y comprensión de la lectura en el desarrollo de una nación, el pueblo y los individuos; entendiendo así la razón por las que gobernantes y políticos han mantenido en la ignorancia a nuestra gente, negándole con ello: salud, tierra, vivienda y desarrollo.

Sabiendo leer se enteraría el pueblo de lo que expresa Marcelo Colussi: “La violencia no es sólo expresión física; adquiere distintas formas, pudiendo ser refinada y sutil. Sin necesidad de estar en guerra, todos los días mueren seres humanos de la más variada índole: atropellados por un carro conducido por una persona alcoholizada, solitariamente por una sobredosis de droga, o de hambre. Esto es contundente: muere más gente por hambre que por causas bélicas. Hay ahí una violencia implícita, subterránea, definitivamente más mortífera que cualquier conflicto armado declarado, y paradójicamente, sus efectos no entran en las estadísticas que hablan de la violencia”.

Los que detentan el poder (gobernantes, empresarios, diputados, funcionarios) habiendo aprendido las primeras letras, nunca han leído lo que escribió Neruda: “Amo tanto las palabras. Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito. Qué buen idioma el mío, qué buen idioma heredamos de los conquistadores torvos. Salimos perdiendo, salimos ganando. Se llevaron el oro, y nos dejaron el oro. Se lo llevaron todo, y nos dejaron todo. Nos dejaron las palabras”.

Observo a esta tierra llena de analfabetos reales y funcionales, y digo con tristeza: “Aquí, los que quieren leer no saben, y los que saben leer no quieren”. Se escucha entonces un murmullo agradable que proviene del Colegio Valle Verde, que ahora cumple más de 50 años. Son las siete y media de la mañana de un lunes de marzo en el momento en que todo el colegio se dedica a la lectura: el portero, los pilotos de los buses, las inspectoras, los maestros y los alumnos, leen y se educan.