Viernes 17 DE Enero DE 2020
Opinión

La última actuación de un comediante con tachas

Hoy a las 14 horas las Moralejas llegan a su fin, pero sus consecuencias, ¡no!

Fecha de publicación: 14-01-20
Por: Estuardo Porras Zadik

¿Qué pasaría si el doctor Alejandro Giammattei tomase posesión del cargo de la misma manera que el presidente Nayib Bukele lo hizo en El Salvador? Bukele fue investido con la banda presidencial en un acto divorciado del protocolo que se acostumbra en este tipo de eventos. Al aire libre en la Plaza Gerardo Barrios –que él mismo remodeló durante su gestión en la Alcaldía de San Salvador–, el nuevo presidente hizo partícipes a miles de salvadoreños que, por primera vez, tuvieron la oportunidad de asistir a un evento de esta índole. La ceremonia fue celebrada en un lugar público, a petición del propio Bukele. La razón obedeció a que quien deseara asistir no tuviese impedimento para lograrlo. El evento se llevó a cabo entre los aplausos de cientos de miles de votantes, en donde predominó el “sí se pudo”, pero no sin antes darle paso a los abucheos para los funcionarios de gobiernos anteriores, cuestionados por numerosos casos de corrupción y a quienes les gritaban: “¡Devuelvan lo robado!”.

En su discurso, Bukele hizo alusión a los funcionarios de pasadas administraciones, y preguntó al pueblo: “¿Cuántas veces nos han dicho que vamos a tener un país mejor? ¿Cuántas veces nos han dicho que va a haber prosperidad para todos? ¿Cuántas veces nos han dicho que todos van a tener trabajo? ¿Cuántas veces nos han dicho que al país le va a ir bien, que vamos a acabar con la inseguridad? ¿Cuántas veces les han dicho que va a haber vivienda digna, agua potable, hospitales con medicinas, escuelas dignas para que le den buena educación a nuestros niños? ¿Cuántas veces hemos escuchado eso antes, y siempre ha sido una mentira?”. Sin tapujos, Bukele responsabiliza al bipartidismo de la era democrática salvadoreña de llevar a El Salvador a donde se encuentra, y pide el apoyo de la población para tomar las decisiones difíciles que enfrentará durante su gestión. Ojalá nuestro futuro Presidente no sea tan tímido como sus antecesores; tapándose con la misma chamarra, restándole responsabilidad de sus actos a quien le antecede y asegurando con esto su salida. Como Bukele, apoyo tendrá solo si toma al toro por los cuernos.

Es admirable que el presidente Bukele haya logrado acercarse al pueblo que lo eligió, en un momento trascendente como lo es el traspaso de mando presidencial; sobre todo cuando su llegada era sinónimo de esperanza. Más admirable aún fue la oportunidad que le brindó al pueblo, para que le expresaran a la administración saliente y a los miembros de la Asamblea su verdadero sentir. Sin filtros y sin manipulación de los hechos, se le dejó saber a la administración saliente y a las anteriores, atrincheradas en el Congreso de la República, lo que el pueblo piensa de ellos. Se les gritó “ladrones”, “corruptos”, “huevones”, “descarados”, “sinvergüenzas”, “devuelvan lo robado”, entre otros calificativos acordes a su actuar. ¿Qué pasaría en Guatemala si se le diera al pueblo la misma oportunidad? ¿Qué le gritarían a la Comisión de la Verdad, a los ministros que dejan el cargo, al famoso “pacto de corruptos”, al Pleno del Congreso –que poco faltó para que le prendieran fuego–, a los jueces comprometidos con la impunidad, a los funcionarios cuestionados, a los diplomáticos por conveniencia y nombrados por compromisos espurios, a los aliados temporales… en fin, a todos aquellos que de una u otra forma fueron partícipes de la atrocidad de gobierno del señor Morales? Porque no importa que unos pocos le envalentonaron y le utilizaron para su propio beneficio, ya que estos serán los primeros en traicionarle hoy que regresa a ser lo que siempre fue. La mayoría sabe lo que hizo, con quién lo hizo, por qué lo hizo; como también todo lo que dejó de hacer. Jimmy Morales está en deuda con un país que, sin duda, le pasará la factura y no será la primera vez que quienes de esta aventura son cómplices lo abandonen para dejarle solo para asumir las consecuencias. Si se le permitiera hablar a la mayoría de guatemaltecos, ¿qué le dirían a aquellos que, tras la seguridad de sus trincheras, se rehúsan a ver la verdad? Sea usted, doctor Alejandro Giammattei, el primero en renunciar a la miopía que el poder conlleva, y sea el primero en llegar al poder para servir y no a servirse de él. Aprenda de sus antecesores cómo no hacer las cosas, y contará con el apoyo de aquellos que le llevaron al poder, así como el de aquellos que aún no confían en usted. Ante el panorama, solo su pueblo lo sostendrá!!!