Viernes 17 DE Enero DE 2020
Opinión

Robespierre y la presunción de inocencia

“Una cucharada de su propio chocolate”.

Fecha de publicación: 13-12-19
Por: Luis Figueroa

En 1793-94 Maximiliano Robespierre y su Comité de salvación pública lidereaban el Reino del terror –durante la Revolución francesa–; y entonces la presunción de inocencia debe haber sido como una cadena con bola para la imposición de las aspiraciones revolucionarias. Aquel fue un período de persecuciones, señalamientos y acusaciones celebradas por un Robespierre confiado y autoritario que, con los jacobinos, estaban decididos a purificar a Francia de cualquiera que se opusiera a sus ideas.

Así son los revolucionarios. Lenin, por ejemplo, dijo que “las cortes no deben prohibir el terror… deben legalizarlo como principio”. Y en el contexto de la dictadura del proletariado (una forma de Reino del terror), hizo énfasis en que “el término de dictadura significa autoridad sin las trabas de la ley, no restringida por normas y basada en la violencia”.

En 1794, sin embargo, Robespierre sucumbió ante la inestabilidad que él y los jacobinos habían generalizado; y fue guillotinado durante el mismo proceso que había cultivado. En mi pueblo se diría que le dieron “una cucharada de su propio chocolate”.

En la Declaración de los derechos del hombre, la presunción de inocencia está redactada así: “Todo hombre es considerado inocente hasta que ha sido declarado convicto…”; y en la Constitución guatemalteca está expresado como: “Toda persona es inocente, mientras no se le haya declarado responsable judicialmente…”. La mayoría de la gente lo interpreta como que todos (tirios y troyanos) somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, y es cuestión de sentido común esta interpretación. Excepto en ambientes purificadores donde –en el altar del pensamiento único y de las consignas– la presunción de inocencia no se les debe aplicar a los otros; pero sí a los propios.

¿Qué podemos aprender de esta historia? Quizás…que las garantías y principios del derecho deben ser para todos por igual, siempre, sin privilegios, sin prejuicios ideológicos, porque nadie está seguro de que no va a caer en manos de los “robespierres” de esta tierra y de los jacobinos que los han aplaudido.

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