Domingo 31 DE Mayo DE 2020
Opinión

¿Qué me pasa?

Estamos en el ocaso de un intenso año 2019 y muy pronto llegará el 2020, con grandes cambios en el país. Diciembre, buen mes para meditar y analizar…

Fecha de publicación: 11-12-19
Por: Gonzalo Marroquín Godoy / Enfoque

La Luna aún deja ver su reflejo en el bello lago de Atitlán que, a las 5:30 de la mañana tiene sus aguas totalmente apaciguadas como si de un espejo se tratara. En cuestión de minutos, detrás de las montañas aparece lentamente el Sol. Con sus primeros rayos hace que cambie el panorama que tengo a la vista. No siempre se tiene la oportunidad de ver algo tan espectacular, que nos lleva a meditar, pero también a admirar las bellezas de nuestra Guatemala.

Apenas han transcurrido unos minutos y ya se pueden apreciar los pueblos de Santa Catarina Palopó y San Antonio Palopó. El lago se transforma. De azul oscuro –casi negro–, se convierte en ese azul intenso de esta época, posiblemente una de las más bellas para disfrutar el paisaje. Es en medio de esos cambios de tonalidades que veo para atrás en el año y medito si las cosas en el país son tan malas como yo las veo desde mi perspectiva como periodista o, por el contrario, hay algo para rescatar.

¿Qué me pasa? Me pregunto. ¿Ha sido tan malo el gobierno de Jimmy Morales? ¿Estamos tan mal en el país en materia de corrupción? ¿Es el sistema político causante de la mayor parte de nuestros males? ¿Podemos esperar cambios sustanciales con el nuevo gobierno? ¿Por qué estamos como estamos? Son muchas preguntas que golpean en mi mente mientras pienso, medito y analizo. Es frustrante lo que veo en el pasado reciente y un poco más allá. ¿Qué me pasa? Pues que me irrita ver la actitud displicente del Gobierno –y particularmente del Presidente y la canciller Sandra Jovel– frente al trato que dan los gringos a los migrantes indocumentados guatemaltecos. Mueren niños y jóvenes en supuesta custodia de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, y nuestras autoridades no hacen algo ni dicen pío. Al contrario, casi aplauden, Esos valientes chapines que han sido obligados –por el fracaso de los sucesivos gobiernos– a migrar hacia Estados Unidos merecen todo nuestro reconocimiento y debieran tener el apoyo al máximo de su gobierno y no la persecución desatada.

¿Qué me pasa? Me irrita ver cómo Jimmy Morales se encargó de desbaratar todo el andamiaje que se necesitaba para luchar contra la corrupción. Si la CICIG no hacía bien ciertas cosas, pues debió buscar la manera de corregir procedimientos, pero nunca poner un frenazo radical a ese esfuerzo. La explicación es clara: la administración de Jimmy Morales no ha sido transparente y el sistema político que representa este presidente necesitaba quitar de en medio al ente fiscalizador. Ahora, sin gato que los persiga, los ratones –rateros, más preciso– pueden seguir robando en arca abierta.

¿Qué me pasa? Que desde hace años veo con claridad que el sistema político del país se ha corrompido, es absolutamente ineficiente y vive bajo el manto de la impunidad. ¡Y no se hace nada para cambiar! La sociedad parece conformarse con más de lo mismo, creyendo cada cuatro años que vamos a cambiar… pero seguimos haciendo lo mismo. Esto irrita, porque es el sistema el que nos asfixia, el que mantiene la pobreza, la desnutrición infantil crónica, el pésimo sistema de educación; es también ese sistema el que ha destruido la independencia entre los tres poderes del Estado y el que resulta incapaz para crear oportunidades y hacer que disminuya la inmigración masiva de guatemaltecos.

He escuchado algunas opiniones favorables a Jimmy Morales. Sin embargo, no llegan a darle más mérito que haber sacado a la CICIG. Sin embargo, casi todos los que así piensan creen que hay que luchar contra la corrupción en el país.

Cuando se les pregunta ¿quién hará esa tarea?, creen que debe ser el MP. Yo sé que esa instancia no tiene la fuerza necesaria para ir contra el sistema y tengo muchas dudas en torno a si existe una voluntad firme de la Fiscal General, Consuelo Porras. Mucho me temo que es parte del statu quo, esa expresión que quiere decir en palabras simples situación imperante o actual, es decir que persista el dominio de la clase política, y la práctica de la vieja política, esa que ha impuesto corrupción e impunidad.

¿Qué me pasa? Que sigo pensando que si no se logra un cambio del sistema político seguiremos igual. Ya vimos que la conformación del equipo del próximo presidente –Alejandro Giammattei– es parecida a la de don Jimmy. El estilo cambiará, pero no he escuchado algo que me haga suponer que estamos a las puertas de un cambio. Más bien parece una carrera de relevos en la que uno le pasa la estafeta al otro para continuar en el mismo carril o ruta, sin ánimos de cambio.

Ojalá me equivoque, pero me parece que pronto veremos que lucha, lo que se llama luchar, contra la corrupción no se dará. Esperemos sin perder esperanza, pero con los ojos bien abiertos. Exijamos a cada momento que las autoridades trabajen a favor del pueblo, de nosotros… y no de sus intereses. ¿Qué me pasa? La verdad, nada extraordinario. Eso sí, estemos preparados para lo que viene.