Viernes 24 DE Enero DE 2020
Opinión

Nuevas formas de pensar

“Leyendo estas críticas hace difícil pensar que al escribir esas defensas sin valor sus autores fueran intelectualmente honestos en perseguir la verdad”. Nicolas Kaldor, El Azote del Monetarismo.

Fecha de publicación: 11-12-19
Por: Edgar Balsells

La portada de la nueva revista del Colegio de profesionales de las Ciencias Económicas está dedicada a las nuevas formas de pensar de esta disciplina, y se mencionan en tal revista el cúmulo de sucesos y reflexiones que se están suscitando en el mundo y que están haciendo brotar nuevas cajas de herramientas, que deberán generar procesos diferentes de análisis de datos y eventos.

Lo que está más que claro es que aquel ya antiguo monetarismo, basado en las ideas de Milton Friedman, de los años sesenta y que proliferaron en los setenta, está más que enterrado: primero fue la llamada “Business Round Table”, que según el propio Financial Times, en un reportaje titulado en inglés “Business must act on a new corporate purpose” (20/8/19), hace un llamado a disminuir brechas entre utilidades y salarios, según lo asevera Jamie Dimon quien preside el cónclave y es a la vez el máximo gerente de JP Morgan, uno de los bancos de inversión más prominentes de Wall Street.

Y como si ello fuera poco tenemos el discurso a la prensa de la búlgara Kristalina Georgieva, Directora Gerente del FMI, el pasado octubre, en el meeting del Fondo Monetario Internacional: “los estados deben generar una explosión de estímulos fiscales, para hacerle frente al ritmo decadente de la economía mundial, y de pasada se deben encarar los Objetivos del Desarrollo Sostenible”. Si lo anterior viniera de algún cónclave de pobretólogos o desarrollistas, ninguna sorpresa hubiera causado, pero viene desde el Vaticano de las altas finanzas, en donde también se ha dejado por un lado el tabú ese que “la inflación es ante todo un fenómeno monetario”, y que los déficit fiscales son los culpables.

Y para ponerle la tapa al pomo, Prensa Libre ha publicado este domingo un resumen del reportaje de la revista liberal londinense The Economist bajo el título ¿Un mundo menos desigual?, en donde se reflexiona con preocupación sobre la actual injusticia económica de nuestro tiempo.

¿Qué tiene que ver todo esto con Guatemala? Pues mucho, por lo trasnochado de las ideas que alumbran políticas públicas: más de un dirigente privado afirma sin ninguna base sustentable que la gente aquí no debe tener un salario mínimo, ni este debe subirse, simplemente porque las mediciones del Instituto de Estadística han estado malas (¿?). Se lanza un mensaje desubicado entonces sobre el mercado de trabajo como institución social. Y qué decir de quienes pregonan la sacrosanta estabilidad macroeconómica, gracias al récord logrado de divisas y alto nivel de reservas monetarias internacionales. Ilusamente, ignoran la resiliente producción social de divisas en nuestro medio, gracias a la diáspora.

¿Y qué decir de quienes se consideran triunfantes por la prevalencia de un presupuesto, que en relación al tamaño de la economía es casi la mitad del de Honduras o Nicaragua, para no mencionar sino a los países de menor desarrollo relativo de Centroamérica?.

Se trata también de un país que tan solo cubre al 18 por ciento de su población dentro del régimen de Seguridad Social, y que sueña en los cónclaves de tal tema con las coberturas uruguayas, chilenas o españolas, sin entender que tan solo con lucha social y política se ha conseguido un mejor nivel histórico y moral de bienestar de la fuerza de trabajo.

Aquí dejamos entonces como testimonio estas reflexiones, siguiendo aquella frase célebre de Lord Keynes “las ideas de economistas y filósofos políticos, tanto cuando son correctas o erróneas, son más poderosas de lo que se comprende comúnmente”.