Viernes 21 DE Febrero DE 2020
Opinión

La ley de los listos

Los grupos sibilinos siempre han tratado de impedir la prevalencia de la razón y la justicia, manipulando la ley haciéndola ineficaz.

Fecha de publicación: 10-12-19
Por: Amílcar Álvarez

Para no quedar marginados, los perdularios aprovechan la coyuntura de un gobierno nuevo, tratando de que los nombren en puestos públicos claves, amasar fortuna y exhibirla con orgullo, pensando que el pueblo no sabe que son inferiores. Incluidos dirigentes sindicales, olvidando el compromiso de defender los derechos legítimos de los trabajadores en el marco de la ley, subordinados a intereses lesivos al gremio como instrumentos de la corrupción y la impunidad perdiendo credibilidad, sin recordar que las conquistas laborales son sagradas. Los afiliados deben exigirles rendición de cuentas y dejar de ser cómplices de sus movidas, impidiendo que una minoría degrade y debilite la
organización sindical, recuperando el honor perdido.

Los grupos sibilinos siempre han tratado de impedir la prevalencia de la razón y la justicia, manipulando la ley haciéndola ineficaz. Aberración que los lleva al colmo de proteger la conducta irregular de algunos diputados y otros mafiosos, legislando y trastocando el Código Penal y Procesal Penal sin tener el conocimiento ni la capacidad indispensable para hacer una reforma apropiada, menos entender lo que discuten y aprueban que, por su trascendencia social debe asignarse a especialistas en la materia. Lo extraño es el silencio de la Universidad Nacional y del Colegio de Abogados que tienen obligación de pronunciarse y no lo hacen. De esa cuenta, el comunicado de míster Pompeo aludiendo al pícaro de Sinibaldi es un mensaje soltado a Juan para que lo entienda Pedro, advirtiendo que el recreo se terminó. De ignorarlo Jimmy y no vetar las reformas a la ley que se recetó el pacto de corruptos, ya sabe a qué atenerse por taparse con la misma chamarra. Dicen que los imperios no tienen amigos, solo intereses. Y no es cuento…

El pópulo sin capacidad de defenderse de los atropellos de los políticos ve una luz al final del túnel que el Tío Sam no siga avalando a la bola de pícaros que se creen intocables, después de sacar a la CICIG a cambio de trasladar la embajada a Jerusalén, lo que pudo hacerse sin pagar el pueblo –ajeno a intereses geopolíticos– un elevado costo, al ser la corrupción el impuesto más injusto que existe. Por otra parte, no se puede exigir a un gobierno honradez y ver a otro lado dejando que los consentidos hagan micos y pericos burlándose de la ley y de la gente, que soporta con estoicismo a tanto incapaz, cínico y corrupto que gobierna. Informando con descaro al término del mandato que la inflación bajó a un dígito y casi no hay delincuencia, que el alto costo de la vida se esfumó y el pueblo ingrato no se conforma con nada, acusando de remate a la prensa de inventar noticias. Y casi llorando decir que salen gafos del cargo, y van a tener que ganarse la vida dando conferencias sobre la inmortalidad de los pingüinos y de la pobreza, y que los mil melones que algunos tienen se los ganaron en la big lotto

El recado es que al Tío Sam le falta sabiduría para entender la problemática de estos pueblos abandonados a la mano de Dios, sin que exista una voluntad real de superarla, reaccionado con paliativos al detectar la posibilidad de una rebelión que de todos modos se dará en un futuro próximo, por el crecimiento exponencial de la población que no tiene ni para comer. Si hoy no podemos lidiar con quince millones de habitantes, pronto las necesidades de treinta nos rebasarán, sin que la miopía y la codicia permita ver a las élites que la recaudación fiscal del diez por ciento anual con relación al PIB, no alcanza ni para los dulces. El estadista y General Charles de Gaulle, refiriéndose a Francia dijo: es imposible gobernar un país con más de 300 quesos. Guatemala está peor con más de mil todólogos y encima ladrones.