Lunes 17 DE Febrero DE 2020
Opinión

LA CANTINA | “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eres tú”

Solo queremos acceso a las mismas oportunidades, vivir seguras y crear consciencia colectiva sobre la importancia de una sociedad igualitaria en un sentido amplio.

Fecha de publicación: 09-12-19
Por: Ana María Méndez Dardon

El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, la agrupación feminista chilena Las Tesis se viralizó en todo el mundo por su forma de protestar: cantando y bailando. Con el lema Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eres tú, envían un rotundo y claro mensaje contra la violencia de género. El canto de protesta se ha convertido en el himno que acompaña a la movilización feminista más grande de los últimos años; es un clamor pacífico, una enérgica invitación a romper el silencio y los ciclos de violencia que vivimos las mujeres. 

La invitación fue recibida en Guatemala, uno de los peores países para ser mujer. Como efecto dominó, ha animado a muchas mujeres víctimas de violación y agresiones sexuales a compartir, por primera vez, sus propias historias de abusos, violencia y discriminación. Así, las redes sociales se han inundado con miles de casos que han estado (in)visibilizados e impunes por años. Situaciones en las que se normaliza que los hombres abusen de nosotras y peor aún, que nos responsabilicen por ello. Pero no solo en las redes sociales, en las calles resonó el himno. El pasado sábado mujeres y niñas guatemaltecas, con megáfono en mano, además de cantar Y la culpa no era mía vociferaban “Alerta, alerta, alerta que camina el feminismo por América Latina”.

Pero era de esperarse que surgieran contra-discursos descalificatorios. Insultos, improperios, burlas y chistes han sido las reacciones, tanto de hombres como de las propias mujeres. Confrontando con temas como el aborto han atacado para deslegitimar no solo a la protesta sino al movimiento feminista como tal. Y es que al igual que el neoliberalismo, la cultura patriarcal y machista utiliza la política de miedo para ganar espacio. Y ninguna estrategia puede ser más efectiva porque a través del miedo, como arma muy poderosa, se termina demonizando una lucha que en este caso únicamente busca nivelar las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres. Estas relaciones se expresan y evidencian de muchas maneras, nos acosan, nos violan, nos matan, nos pagan menos, nos imponen los cuidados y la maternidad, nos juzgan cómo vestimos, menosprecian nuestras capacidades, entre tantas injusticias más. 

El feminismo es un movimiento que lucha contra esos abusos de poder y busca la igualdad entre hombres y mujeres. Es simple de entender. No odiamos a los hombres. Solo queremos acceso a las mismas oportunidades, vivir seguras y crear consciencia colectiva sobre la importancia de una sociedad igualitaria en un sentido amplio. No bastan leyes que al final solo son letra muerta. Urge una revolución cultural de cómo nos construimos como hombres y mujeres. ¡Unámonos! exigir nuestros derechos mínimos no nos hace locas, bailar y gritar para reclamarlos tampoco. Solo queremos caminar y llegar a casa a salvo, ser escuchadas, y ser libres ¿o no?