Viernes 24 DE Enero DE 2020
Opinión

Mitos acerca del gobierno republicano

Todos los más altos poderes del sistema constitucional estadounidense están conferidos al Congreso.

Fecha de publicación: 07-12-19
Por: Roberto Blum

Un primer mito generalmente aceptado acerca del gobierno republicano de los Estados Unidos es el que plantea que los tres poderes que lo constituyen son iguales entre sí. En esta errónea concepción acerca del gobierno estadounidense, el poder Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial se encuentran al mismo nivel según la Constitución. James Madison, en El Federalista número 51, afirma: “La autoridad legislativa predomina necesariamente en el gobierno republicano”.

Es en el Congreso federal con sus dos cámaras, la de Representantes y la de Senadores, en quien la Constitución deposita la autoridad legislativa. Asimismo, es el Congreso quien tiene las más amplias facultades, entre ellas la de ser la autoridad suprema en el territorio en que se asienta el gobierno federal, según se plantea en el número 43 de El Federalista: “La necesidad indispensable de una autoridad completa en la sede del gobierno lleva consigo su propia evidencia. Es un poder ejercido por cada legislatura en virtud de su supremacía general”.

Todos los más altos poderes del sistema constitucional estadounidense están conferidos al Congreso. El Congreso federal tiene el poder de declarar y hacer la guerra, dictar leyes, ratificar tratados, cobrar impuestos y recaudar dinero. El Congreso establece y financia las agencias ejecutivas, determina el sitio y el tamaño de los tribunales federales, establece el número de jueces en la Corte Suprema, e incluso tiene el poder de aprobar o no el tipo de gobierno de los estados federados. Aún más: la cámara de Representantes del Congreso puede iniciar el juicio de impedimento o juicio político contra cualquier autoridad federal, incluido el presidente de la República, los ministros de la Suprema Corte, los jueces federales y los altos funcionarios de la Administración. La cámara de Senadores, actuando como el jurado en el juicio de impedimento, puede condenar y destituir al funcionario imputado.

Un segundo mito es que los mecanismos de la Constitución federal de los Estados Unidos darían lugar a un gobierno débil, ya que se dice que los constituyentes de Filadelfia desconfiaban de la tendencia autoritaria de todo gobierno. De hecho, la Convención de Filadelfia de 1787 realmente intentó diseñar un sistema de gobierno fuerte y eficaz, ya que el gobierno diseñado por los Artículos de la Confederación era incapaz de realizar las labores indispensables que los Estados confederados requerían en sus circunstancias. En El Federalista número 9, Alexander Hamilton explicaba: “La eficacia de varios principios que no se conocían en absoluto, o eran imperfectamente conocidos por los antiguos, ahora se entienden bien. La distribución regular del poder en distintos departamentos; la introducción de balances y controles legislativos; la institución de tribunales compuestos por jueces que ocupan sus cargos durante su buen comportamiento; la representación de la población en la legislatura por los diputados de su propia elección: estos son descubrimientos completamente nuevos, o han hecho su principal progreso hacia la perfección de los gobiernos en los tiempos modernos”.

De ser los tres poderes iguales entre sí, como lo plantea falsamente el primer mito, el gobierno federal podría quedar paralizado en cualquier momento y no habría quien pudiera hacerlo funcionar nuevamente. Un gobierno incapaz de ejercer activamente sus funciones sería solo una mala copia del gobierno confederal que los constituyentes de Filadelfia necesitaban urgentemente transformar.

Finalmente, también es un mito ampliamente difundido considerar que el gobierno diseñado en Filadelfia es un sistema de pesos y contrapesos. De hecho, es solo en el poder Legislativo donde se aplica la idea de dividir el poder supremo para limitarlo. Cada una de las dos cámaras se elegía de forma y en tiempos diferentes, y cada una de ellas tiene funciones diferentes y complementarias.

La ciencia política moderna ya no puede seguir simplemente aceptando mitos.