Martes 25 DE Febrero DE 2020
Opinión

Cuando los males son endémicos

Urgen los cambios de timón, porque las muestras del pasado están siendo, cada vez más, partes recicladas de un presente que no establece pautas de futuro.

Fecha de publicación: 06-12-19
Por: Renzo Lautaro Rosal

Hace algunos años, se hablaba de los síntomas de la degradación social y las tentaciones de replicar rasgos de un pasado envuelto entre mediocridades al por mayor, pensamientos orientados a la generación del mal, la persistente presencia de personajes que haciendo gala de cierta porción de supuesto poder, lo utilizan para las perversiones más nefastas. Ese retrato grotesco es una terrible realidad en nuestro país.

Lo que era un escenario pesimista, se ha hecho realidad. Lo que era síntoma, ahora se ha convertido en grave enfermedad; que lejos de curarse, se ha recrudecido. Los males pasan a ser crónicos. Esto se ejemplifica, por ejemplo, en las actitudes torpes, brutalmente burlescas y abominables expresadas por el aún Presidente del Congreso y algunos de sus allegados, quienes en los últimos meses han impulsado una nueva etapa de su cruzada del mal. Por momentos, han logrado sus objetivos (Ley de Aceptación de Cargos, por ejemplo), en otros no han contado con los votos suficientes (reformas al Código Penal sobre prisión preventiva, Ley de ONG’s, entre otras).

Carente de ideas y liderazgo y siguiendo la línea dura y propia de la Colonia de su progenitor, A. Escobar cierra su gestión con un frontal choque contra la prensa independiente. Eso no fue un exabrupto, sino una actitud que quiere normalizarse nuevamente. Lo que no va sobre la línea preestablecida se le cuestiona, se le ataca y se le saca de la jugada.

El mundo de las ideas, de lo diverso y heterogéneo no parece tener cabida en un ambiente primitivo. Este tipo de comportamientos están al alza. Lo vemos cuando el presidente saliente correrá presuroso a tomar posesión de su curul en el Parlacen para no perder la inmunidad. Sus miedos confirman los desmanes e ilegalidades cometidas.

Esas muestras de rasgos autoritarios, indican que los aparentes avances de la democracia formal son bloques endebles de adobe, que no resisten los vientos huracanados de las tropelías en ascenso. ¿Cuánto nos costará reponernos de este extenso período de oscurantismo, retroceso y avivamiento de los resquemores? Lo peor es que no aparecen a la distancia las fuerzas motrices que encabecen una cruzada de recomposición. Guardar el polvo bajo la alfombra, no es alternativa. Tampoco lo es pensar que el cambio de gobierno, necesariamente, implica nuevos aires.

El supuesto que las sociedades siempre avancen, aunque sea lentamente, entra en etapa de revisión, cuando se observan condiciones como las que suceden en la actualidad a lo largo y ancho de América Latina. Por todos lados, afloran los cuestionamientos de fondo a los caminos escogidos en las últimas décadas. Urgen los cambios de timón, porque las muestras del pasado están siendo, cada vez más, partes recicladas de un presente que no establece pautas de futuro.

Podemos salir de estas condiciones, si somos intolerantes a las torpezas, a los autoritarismos propios de la Guerra Fría; si no entramos en polémicas insulsas, si no cedemos terreno en favor de los reciclados, si decimos las cosas tal cual y no las adornamos para quedar bien. Solo así podremos impulsar procesos sociales que gradualmente nos sitúen en condiciones de bienestar y vida digna.