Miércoles 11 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Sobre el deseo de perfeccionar

Son libres los que no solo ven lo bueno, sino que lo persiguen sin negociar.

Fecha de publicación: 02-12-19
Por: Luis Fernando Cáceres

Robert Anthony decía que lo contrario de la valentía no es la cobardía sino la conformidad. Esa es quizá para mí la puerta a la propia muerte en este mundo; la carencia de ambición en una persona a mejorar su condición. Creo que el espíritu de alguna forma muere cuando el deseo de perfeccionar se acaba. Tal vez esa sea realmente la fuente de la juventud, pues es ahí mismo, en la juventud, donde más vivamente experimentamos el apetito a mejorar nuestra existencia y la de quienes nos rodean. Quien mantiene viva esa aspiración mantiene vivo también su espíritu.  

Aunque, para ser exacto, habría que reconocer que el único tipo de esperanza que vale es la que nos mueva a actuar, porque es cierto que un sueño sin acción es pura ilusión. Actuar y arriesgar en la consecución de una mejor existencia requiere grandes cuotas de valor. Buscar una vida de diseño propio demanda elegir y vencer miedos. Demanda dejar los espacios neutros y tomar partido. A eso se refería Mandela cuando decía que el coraje no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. Basado en eso se entiende mucho más claramente eso que argumentaba Séneca: El que es valiente es libre. El triunfo sobre nuestros temores nos libera para seguir nuestro propio camino, nos da la fuerza para accionar sobre nuestros sueños y nos permite pelear por vivir, de forma creativa, en un lugar donde nadie ha estado antes. 

Así es pues que se vuelve cierto aquello de que el futuro para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos lo desconocido y para los valientes, y solo para ellos, es la oportunidad. Y es que solo los valientes se atreven a actuar sobre sus sueños venciendo el temor a fracasar; solo los valientes se atreven a creer y ahogan la voz de los escépticos; solo los valientes pueden caer y volverse a levantar, aferrándose, sin vacilar, a la verdad que solo ellos conocen y, solo los valientes, se atreven a amar y creer en un nuevo día. 

Los valientes, esos capitanes del optimismo, son los que avanzan a la humanidad. Así que tal vez, en efecto, sea cierto eso de que la valentía es el valor más grande que puede tener un ser humano. 

Al final del camino de esta existencia, seguramente será como nos lo han anticipado tantas veces; echaremos más de menos lo que dejamos de hacer que lo que efectivamente hicimos. La compostura para minimizar esos posibles remordimientos debiera ser nuestra guía de acción, porque tiene gran valor el poder dejar esta vida despidiéndola con las palabras que acuñó Sinatra: “Solo vives una vez, pero si vives como yo, una es suficiente.”