Martes 4 DE Agosto DE 2020
Opinión

La tradición de agradecer

Es bueno agradecer, a nuestras familias, a nuestros vecinos y nuestros conocidos, lo mucho que de ellos recibimos todos los días del año. El agradecimiento es una humana y noble tradición.

Fecha de publicación: 30-11-19
Por: Roberto Blum

El pasado día 28, cuarto jueves de noviembre, se celebró en los Estados Unidos el Día de Acción de Gracias, recordando con ello un acontecimiento legendario, ocurrido en el ya lejano año de 1621. Aquel año, los inmigrantes ingleses, recién llegados a la colonia de Plymouth, en la costa oriental de Norteamérica, y el pueblo indígena de los Wampanoag agradecieron a Dios los buenos resultados de la cosecha de maíz. Lo que en realidad sucedió fue que ambos grupos compartieron un banquete que duró tres días, para celebrar los resultados de la cosecha y la caza que obtuvieron, gracias a la ayuda que se prestaron unos a otros.

Sin embargo, esa cordialidad entre ambos pueblos no duró. La paz entre la colonia de Plymouth y los indios Wampanoag se fue deteriorando, a medida que los asentamientos ingleses, en rápida expansión, fueron obligando a las tribus a venderle sus tierras. El asesinato de un indígena, colaborador de los ingleses, llevó a la condena y ejecución por los ingleses de tres hombres Wampanoag, desatando así la violencia entre los nativos y los colonos inmigrantes. Cincuenta y cinco años después del primer día de Acción de Gracias estalló la guerra. Para entonces, los puritanos ingleses casi habían destruido ya a los indígenas Wampanoag, a los Narragansett y a todas las otras tribus vecinas. Felipe, el rey de los indígenas Wampanoag, fue asesinado por un indígena cristiano y su cuerpo descuartizado por los colonos. Su cabeza, clavada en una pica, fue exhibida en Plymouth, donde todavía podía verse veinticuatro años después, al finalizar el siglo diecisiete. Tal es la distancia entre la leyenda pía y la cruel historia.

Las celebraciones por las buenas cosechas suelen organizarse en todos los pueblos agrícolas, y hay que recordar que, aún en la actualidad, un 28 por ciento de los seres humanos trabaja en la agricultura. Sin duda ese número se ha reducido rápidamente en los últimos años, gracias a los avances tecnológicos. Por ejemplo: tan solo hace treinta años, el 45 por ciento de la población mundial se dedicaba a las labores del campo, y en el lejano año de 1400 alrededor del 70 por ciento de nuestros congéneres eran campesinos. Su vida entera dependía del clima y de múltiples circunstancias sobre las que ellos no tenían el menor control.

De esta manera, las fiestas para celebrar una buena cosecha eran también la ocasión de agradecer a los espíritus de la naturaleza, o a los dioses, o al principal Dios de la tribu, su abundante generosidad, y propiciar al mismo tiempo su buena voluntad para el siguiente ciclo productivo. La fiesta consistía siempre en celebrar juntos y compartir con los vecinos los frutos recolectados, sacrificar la vida de un animal o de un ser humano que representara a toda la comunidad, y consumir esos bienes sacramental y colectivamente. Es evidente que cada grupo desarrolló diferentes tradiciones culturales. Los celtas celebraban en agosto el día de los primeros frutos, el Lammas o Lughnasadh; y entre los judíos, del 15 al 22 de Tishrei, se celebra el Sucot o fiesta de las cabañas. En la antigua Roma, se celebraba en octubre la Meditrinalia, por la nueva vendimia, y un par de días después el sacrificio del Caballo de octubre, dedicado al dios Marte, coincidiendo todo ello con las fiestas de la cosecha.

Si bien en nuestra época ya no dependemos tanto de la agricultura de temporal ni de circunstancias fuera de nuestro control, es bueno agradecer, a nuestras familias, a nuestros vecinos y nuestros conocidos, lo mucho que de ellos recibimos todos los días del año. El agradecimiento es una humana y noble tradición.