Lunes 10 DE Agosto DE 2020
Opinión

¿Cómo tratar la crisis migratoria?

Otro modelo de desarrollo.

Fecha de publicación: 28-11-19
Por: Edgar Gutiérrez

Los masivos flujos de migración han causado tensiones entre los países de origen, tránsito y destino, debido, entre otras razones, a disposiciones unilaterales (levantamiento de muros, militarización de fronteras) y, más recientemente, a las amenazas de castigos comerciales, la suspensión de asistencia para el desarrollo y cargas tributarias al envío de remesas. Estas fricciones se relacionan con el restringido espacio para desarrollar un diálogo político entre las naciones involucradas. Han entrado en contradicción dos enfoques para contener los flujos migratorios. Una visión enfatiza en medidas de fuerza, con la expectativa de lograr resultados a corto plazo. Distinto es el enfoque que reconoce las causas estructurales del problema y propone tratarlas mediante el impulso de planes de desarrollo, sabiendo que los resultados se observarán en el mediano plazo.

El ahora descartado Plan Alianza para la Prosperidad de los países del Norte de Centroamérica, ha tenido un impacto marginal. El Plan sugería un presupuesto de US$20 mil millones, para hacer más de lo mismo, y, por otro lado, el financiamiento de Estados Unidos estuvo muy por debajo de esas expectativas. En octubre de 2018 los gobernantes de El Salvador, Guatemala, Honduras y México firmaron una Declaración Política en la que urgieron a la formulación de un Plan Desarrollo Integral (PDI, 2019), que fue encargado a la CEPAL. El propósito del PDI es promover “acciones que generen desarrollo y oportunidades a nivel local a fin de contribuir a la prevención de la migración irregular y, al mismo tiempo, atacar sus causas. Hasta ahora el PDI es un documento borrador que está bajo consulta con los gobiernos y oficinas de la ONU.

Esa carencia de concertación política, definición e implementación de planes de desarrollo dejó un vacío en la gobernanza de las migraciones que han acarreado sacrificios humanos y daños en el tejido social. Los gobiernos de la subregión han reaccionado tardíamente frente a una crisis de desplazamiento humano riesgoso que ha madurado muy rápidamente. Su tratamiento demanda una atención en varias direcciones, definiendo objetivos estratégicos y metas de corto y mediano plazo.

Debe cambiar el marco de políticas que propiciaron la crisis, por un nuevo modelo de desarrollo, tarea de los actores nacionales. Entre tanto, los gobiernos tienen ciertas capacidades para emprender proyectos intermedios que contribuyan a dinamizar el mercado del empleo, elevar la productividad, mejorar los ingresos familiares y recuperar el campo como un espacio digno, con crecimiento, acceso a los servicios y recuperación del espacio de derecho.

El momento actual exige emprender obras de infraestructura de gran alcance y reducir los costos de la energía con el propósito de contribuir tanto a la integración de los países, como a la mejor integración de los territorios, apuntando a una reconstitución de las economías locales que aseguren la alimentación básica de la población y reviertan los daños al medioambiente (calidad de suelos, recuperación de la masa boscosa, rescate de cuencas hidrográficas, entre otros). Es preciso llegar a los espacios territoriales más abandonados y promover un aprovechamiento inclusivo de los sectores de población en riesgo migratorio. Es necesario, asimismo, formular políticas específicas para el sector de las MIPYMES que constituyen el sector de mayor peso en la creación de empleos.

El nivel intermedio de operaciones debe ganar legitimidad social e internacional mediante una gestión transparente de los procesos administrativos (adquisiciones, compras etcétera), que contribuya al fortalecimiento de las instituciones nacionales y de los mecanismos de coordinación entre los países, generando ahorros que puedan emplearse en la cofinanciación de diversos proyectos del plan de desarrollo integral.