Viernes 13 DE Diciembre DE 2019
Opinión

La Justicia en apuros

Sin Justicia no existe libertad y sin libertad no hay democracia, por lo que preservarla es de interés social.

Fecha de publicación: 26-11-19
Por: Amílcar Álvarez

La Justicia en la historia del pensamiento ha sido usada en dos acepciones de diferente alcance y extensión. Se ha usado y se usa para designar el criterio ideal del Derecho como idea básica sobre el cual debe inspirarse, y como el compendio de toda virtud que establece para cada cosa su propio grado de dignidad y, por consiguiente, subordina el alma a Dios, lo cual no es más que la propia justicia celestial, la mejor justicia para muchos, que paga el mal con el bien y al que comete una injusticia lo perdona siete veces como vidas tiene un gato, lo que no es más que puro amor cristiano, según la sabia opinión de San Agustín. Para los filósofos como Platón, la Justicia era la virtud fundamental de la cual se derivan las demás virtudes por constituir el principio armónico ordenador de las mismas, aplicando también el mismo principio de armonía al Estado y al Derecho. Sin embargo, fue Aristóteles quien elaboró en forma concienzuda la teoría de la Justicia en sentido estricto como pauta para el Derecho, usándola también como la expresión de la virtud total o perfecta, la cual dice que consiste en una medida de proporcionalidad de los actos. El medio equidistante entre el exceso y el defecto.

En resumen, se puede afirmar que la misma palabra ha sido empleada para designar dos ideas diferentes, aunque ambas pertenezcan al reino de la ética. En nuestro caso, lo que nos interesa es hacer algunas acotaciones sobre la politización de la Justicia y no la justicia en sentido jurídico-político que es diferente. En ese aspecto, es bueno recordar que la Justicia como valor superior permite vivir en libertad con dignidad, por lo que su ausencia en cualquier sociedad provoca alteraciones y convulsiones indeseables para el bien común. Aquí, el itinerario de la Justicia es accidentado y caótico por la tenue independencia de poderes que existe, cuestionando la pronta y cumplida aplicación, que lesiona la libertad y la dignidad de las personas afectadas. En adición a esa problemática intrínseca, secular y grave, se suma una externalidad desestabilizadora que, en forma solapada, está al acecho de la oportunidad propicia para politizar el Organismo Judicial, y la vital función de impartir Justicia. Con ese fin, los políticos ampliaron su coto de caza tiro y pesca diciendo que hay que modernizarlo, sin entender que es un universo en el que juegan un papel primordial las personas que la imparten, las cuales deben ser esclarecidas, ajenas a sectarismos y pasiones vulgares por ser mujeres y hombres selectos con una de las misiones más importantes que el ser humano pueda tener dentro del campo de la ética y la moral. Sin olvidar que sin Justicia no existe libertad y sin libertad no hay democracia, por lo que preservarla es de interés social.

El Organismo Judicial por su naturaleza no puede ni debe estar sujeto a las pasiones que los intereses políticos generan, debiendo subordinarse a la justicia y punto. Los diputados responsables, lo que deberían hacer es dotarlo de un presupuesto adecuado para cumplir su función, implementando la carrera judicial y reservar el estudio, análisis, discusión y redacción de leyes a especialistas en la materia, no a delincuentes potenciales que buscan salvar su pellejo y el ajeno, con la mano untada por intereses sibilinos. Un pueblo sin Justicia puede ser corral, pero no pueblo, y más pronto que tarde se rebelará, exigiendo el legítimo derecho de tener acceso en forma transparente, sin manipulaciones de ninguna clase. La imprudencia de humillarlo como lo hacen, lo pagarán caro, cuando el pueblo disperso, golpeado física y moralmente por el cinismo, la incapacidad y corrupción de los dirigentes de todo tipo, unido por una voluntad colectiva de cambio inquebrantable, exija rendición de cuentas. Al vivir la mayoría en peores condiciones que en Chile y Bolivia, lo sucedido en esos países comparado con lo que puede suceder aquí, es una piñata. Ya lo verán.