Martes 29 DE Septiembre DE 2020
Opinión

Sobre migraciones y sus causas

Sin olvidar la demanda de mano de obra en EE. UU.

Fecha de publicación: 21-11-19
Por: Édgar Gutiérrez

Las migraciones son tan antiguas como la humanidad. Son fuente de desarrollo para los migrantes, sus familias, los lugares de origen y de destino. Las actuales restricciones políticas de documentación de los migrantes por parte de los países receptores, provocan las migraciones irregulares, con altos riesgos de seguridad para los migrantes. La precarización de las condiciones de vida de las poblaciones y la inseguridad en los países del norte de Centroamérica convierten las migraciones en una imperiosa necesidad de supervivencia.

Las migraciones tienen una base multicausal: el deseo de reunificación familiar, dado que se incrementan los “ninis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan), los encargados de su cuido pierden autoridad y se refuerzan las tendencias del consumo y el incremento de riesgos y amenazas para niños y jóvenes en los lugares de origen; por otro lado, ha aumentado la inseguridad física por la proliferación de pandillas juveniles y organizaciones del crimen organizado, convirtiéndose este en un factor principal de expulsión de poblaciones particularmente en la última década. De ahí el notable el incremento de peticiones de refugio y de asilo.

Entre las causas socioeconómicas se pueden identificar cinco factores: En primer lugar, altas tasas de crecimiento demográfico, particularmente entre poblaciones de menor ingreso económico y baja escolaridad, que han provocado un aumento de la población en edad de trabajar. En segundo lugar, insuficiente trabajo formal, por tanto, incremento de ocupaciones informales de baja productividad e ingresos, esto es, la precarización del empleo (en términos de ingresos, condiciones de trabajo e inestabilidad laboral).

En tercer lugar, la demanda creciente de mano de obra en Estados Unidos en actividades agrícolas y servicios básicos, y en la construcción. Adicionalmente, el atractivo de notables diferencias salariales entre los países expulsores y receptores (10 a 1), así como las condiciones de empleo y otras ventajas en los lugares de destino. En cuarto lugar, la calidad de vida que pueden encontrar las familias migrantes, incluyendo mejores oportunidades de educación y salud, que contrasta con los riesgos y amenazas de los niños hijos de migrantes en los países de origen, y, por último, la depresión de las economías locales y el abandono en que permanecen las comunidades, en particular en las zonas rurales y los crecientes cinturones de miseria en las zonas urbanas, donde la desigualdad social resulta abismal, que empuja los flujos de desplazamiento interno, o migración primaria, de las áreas rurales hacia los centros urbanos. Dado que la migración primaria no resuelve las necesidades de la población, por lo general abre paso a la migración secundaria, más riesgosa e incierta, hacia los países del norte.

El modelo económico adoptado a partir de la década de 1990, privilegió la estabilidad macroeconómica, en aras de reducir el déficit fiscal, impuso una amplia privatización de activos y empresas públicas, muchas veces desventajosa en términos tributarios, lo cual redujo la capacidad del Estado de prestar servicios básicos y ofrecer oportunidades a las poblaciones más pobres, sobre todo en las zonas rurales. Al mismo tiempo se contrajo progresivamente el acceso a la asistencia técnica de los pequeños agricultores, y fueron desmanteladas las redes de atención primaria de la salud pública en el campo.

Asimismo, la política financiera desatendió el medio rural y sacrificó el acceso extensivo al crédito productivo. El manejo de la política cambiaria perdió su capacidad de estimular las exportaciones y ha limitado el potencial rendimiento de las remesas familiares. En conjunto las políticas macroeconómicas, aunque estabilizaron los principales indicadores financieros, han constreñido el uso productivo de las remesas e incentivado el consumo.