Miércoles 30 DE Septiembre DE 2020
Opinión

La universidad de hoy

“La educación no cambia el mundo. Cambia a las personas que van a cambiar el mundo” (Paulo Freire).

Fecha de publicación: 20-11-19
Por: Anabella Giracca

Hace poco escribí una columna sobre las universidades. Hay preguntas que intentaré responder.

En los últimos tiempos, las universidades del mundo se han venido reuniendo para repensar su papel ante los retos que demandan los nuevos tiempos (globalización, modernización, desarrollo, interculturalidad y democratización). Después de ardientes discusiones se llega a la primera conclusión: La educación superior no es un servicio sino un bien, un derecho. Parece simple, pero ¿se vende la educación superior como un producto, como un servicio? O, ¿se adquiere como un bien, como un derecho?

Un ejercicio fundamental sería analizar a los profesionales que hoy ocupan cargos públicos. Muchos de ellos encarnando el peor de los modelos. Basta con ver, por ejemplo, quiénes trabajaron en el proyecto de presupuesto 2020 para entender que carecen de sentido y de la mínima conciencia colectiva. O basta con ver a profesionales en redes, liderando discursos de odio, presumiendo su infeliz racismo o su xenofobia. Y son muchos. Demasiados.

No podemos ya separar el conocimiento de la cultura, el conocimiento de la ética, el conocimiento de la responsabilidad social. Las universidades juegan un papel que ningún otro organismo puede suplantar, simplemente porque forman ciudadanos. Por ello es fundamental rediseñar un paradigma nuevo. Reinventar su rol humanista e impartir y compartir una educación basada en defender la verdad.

Las universidades deben convertirse en modelos sostenibles capaces de garantizar políticas de equidad, calidad, pertinencia e inclusión; de producir conocimiento para generar innovación. Son lugares de cotejo de saberes y conocimientos obligados a actualizar la función social del ciudadano, comprometerse con el desarrollo sustentable, aporte y calidad de vida para todos. Deben de tomar acciones y actitudes ante el mundo moderno con renovadas normas éticas, conciencia política, capacidad crítica y articulación con los problemas de la sociedad y del trabajo, comprendiendo el respeto por las culturas. Reforzar sus servicios a la sociedad y actividades encaminadas a la erradicación de la pobreza, la intolerancia, mediante un planteamiento interdisciplinario. En resumen: una universidad no puede desarrollar su plan de excelencia sin tomar en cuenta a los seres humanos, porque la educación superior no es un servicio, sino un bien, un derecho de la humanidad. Por ello su fundamental tarea de formación y no únicamente de información. Formar personas responsables con su entorno, identificadas, dispuestas a conseguir fines positivos ante la cruel realidad que nos amenaza con insistencia.