Lunes 9 DE Diciembre DE 2019
Opinión

¡Cuidado!: no apaguemos la luz…

Nuestra Guatemala ya no resiste que cada sector se enfoque en la percepción generada a partir de un lado de la realidad.

Fecha de publicación: 19-11-19
Por: Estuardo Porras Zadik

Conozco a Emilio Méndez y a su familia: sus proyectos, tanto familiares como empresariales, y lo que es más importante los que tiene para Guatemala. No es mucho el tiempo que llevo de conocerle, pero sí es mucho el tiempo ya que llevo de conocer a Saúl y su impacto en la construcción de una Guatemala diferente, una Guatemala mejor.

El día que conocí a Emilio congeniamos sin hablar; una especie de energía que es difícil de explicar. El foro estaba conformado por un grupo de individuos reunidos con el objetivo de hacer las cosas diferentes: retar a las estructuras tradicionales, cambiar el discurso, tender puentes, escuchar lo que otros tenían que decir, en fin, identificar el talento del otro para construir nuevas realidades. Conocía bien a la mayoría de los ahí presentes, pero a él no; sabía un poco de su trayectoria y de su empresa. Sí sabía, por ejemplo, que había sido frontal durante las manifestaciones del 2015, subiendo la barda para muchos en el sector privado. Era y soy un fiel consumidor de todo lo que Saúl representa. Sabía que Emilio es una persona capaz de hacer de cualquier cosa, algo “cool”. Pero en realidad, era un desconocido para mí. Lo que desconocía de él se convirtió en la base de una amistad cimentada en valores, principios y una visión compartida para Guatemala.

Hace unos días, las redes sociales se inundaron de indignación ante la decisión de Saúl de hacer su famoso festival de moda en la vecindad de la denominada “zona cero” –área devastada por la erupción del volcán de Fuego el 3 de junio del 2018–. Fecha que no debemos permitir que ceda ante la amnesia selectiva a la que hemos sentenciado otros episodios de trascendencia para los guatemaltecos. Muchos de estos episodios con heridas profundas que no han sanado, y que son responsables de la alta polarización y conflictividad en el país. La respuesta en redes sociales ante esta decisión es el reflejo de la polarización y la conflictividad, que han hecho de estas plataformas su campo de batalla. La reacción fue condenatoria y juzgó este evento sin entender su trasfondo, ni las intenciones de sus organizadores. Con esto en ningún momento justifico la decisión de Saúl, no me corresponde; pero sí lamento lo biliar de las reacciones de muchos y más aún, el silencio de quienes conocen a Emilio, su familia y su empresa, pues, a pesar de saber qué los mueve, los dejaron solos en un momento de escrutinio social.

Me alegra que haya ocurrido lo que pasó, más cuando hemos sido testigos de la humildad, dignidad y objetividad con la que la familia Méndez abordó el tema. El festival estaba enfocado en el tema de Regeneración. Estoy convencido de que lejos de frenar la iniciativa original, esta se transformará en un evento sin precedentes que nos obligará a profundizar en las honduras a las que nos hemos rehusado a descender. Al mejor estilo de Emilio, las reacciones de muchos que le atacaron le llevaron a tender los puentes en los abismos que existen entre la gran mayoría para entender, profundizar y ponerse del otro lado de su óptica. El resultado permite reconocerse, cada uno, como parte de algo grande, mucho más grande de lo que cada uno imaginaba. Nuestra Guatemala ya no aguanta que cada sector se enfoque en la percepción generada a partir de un lado de la realidad. Que sirva este episodio para el surgimiento de una mesa interlocutora que inicie un proceso sanador, que puede llegar muy lejos y a diversos temas, siempre y cuando lo sepamos nutrir. Cuando lo hagamos veremos que la erupción de un volcán, por devastadora y letal que sea, no es más que uno de los tantos episodios a los que como sociedad sometemos a un buen sector de nuestra población.