Miércoles 11 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Es hora de hacer el balance

Y construir el futuro.

Fecha de publicación: 18-11-19
Por: Édgar Gutiérrez

Urge que termine 2019. Que el funesto “pacto de corruptos” desaloje el Congreso de la República y que Jimmy Morales desocupe la Casa Presidencial. Los próximos años tampoco serán un lecho de rosas, pero ofrecen un ambiente menos tóxico para replantear asuntos vitales del país, como la construcción de un nuevo pacto social en torno a la arquitectura de la República, el estado constitucional de derecho y las pautas del desarrollo, considerando nuestras tareas pospuestas durante tantos siglos y los desafíos de este siglo.

En los últimos cinco años el sistema jurídico sufrió una revolución, pues transgredió los terrenos prohibidos del poder. Cuando desde las trincheras de ese mismo poder las revoluciones son contraatacadas y obligadas a replegarse, el viejo régimen suele cobrárselas con despiadada saña.

No obstante, el “pacto de corruptos” no ha podido actuar enteramente a sus anchas, porque hay ojos vigilantes. Ese 70 por ciento de la población que apoyó consistentemente la lucha contra la corrupción y la impunidad durante estos años, está ahí, quieta, en apariencia indiferente, pero, como sabemos, resulta impredecible. Nunca se sabe qué acción o frase va a liberar otra vez su rabia acumulada. 

De Washington el “pacto de corruptos” ya no puede esperar esa desproporcionada atención de los últimos tres años, en el caos del descalabro de las instituciones estadounidense. Ese amiguismo está evaporándose. Ahora mismo Trump podría decirles: si te vi, no te conozco. En víspera de las elecciones de noviembre próximo, son los demócratas –incluso republicanos moderados– quienes están retomando la batuta, pues entienden que en esta región hay intereses y objetivos permanentes para su país, y que el “pacto de corruptos” es el primer obstáculo a abatir, tras la sangría de migrantes de estos años y la expansión del crimen organizado.

A pesar de las últimas trastadas del “pacto de corruptos” en el Congreso, la relación de fuerzas no se modifica, pues sus decretos no tienen alcance estratégico. No están, por ejemplo, liberando a Lula de la cárcel para revitalizar una fuerza política disminuida. El signo conservador permanece, pues ganó las elecciones. Son lobos de la misma loma. Pretenden una norma general que –oficialmente– abre las puertas de Mariscal Zavala, Pavón, Pavoncito, el Infiernito etc. En la misma bandeja van políticos, altos funcionarios, empresarios, mareros, secuestradores y otros y otros. El “pacto de corruptos” lo hizo, otra vez, torpemente.

Pero ese no es centralmente mi tema. Mi tema es que quienes ya entendimos la importancia del ejercicio independiente de la función judicial. Que hay que asumir las responsabilidades fiscales. Que hay que limpiar del control corrupto las fiscalías, intendencias tributarias y tantas oficinas públicas clave que entorpecen la competencia en el mercado y la justicia justa. Esa gente responsable que habita todas las esferas de actividad –incluso, quienes han sido imputados, sufren un costo reputacional y perdieron mercados estratégicos, pueden reinventarse- tiene la obligación de contribuir a un nuevo orden.

No es fácil. En esencia implica evolución cultural y sacrificio de ventajas obtenidas por la cuna donde nacieron y las relaciones con los círculos de poder. ¿Qué opción hay? La incursión de los piratas, con quienes terminan amigándose. Sin romper ese cordón umbilical seguiremos siendo un “lugar”, nunca una Nación digna que protege a todos sus habitantes. Continuaremos remando inútilmente sin movernos de las aguas fétidas. E hipócritamente permaneceremos quejándonos que el narco invade, que los políticos son cada día más corruptos y que los empresarios grandes y muchos emergentes, no son empresarios sino los mercaderes florecientes desde hace cuatro siglos.