Domingo 15 DE Diciembre DE 2019
Opinión

El asilo y el refugio

El espíritu humanitario y de compasión a los perseguidos, “los pobres, las viudas y los huérfanos” es fundamental si queremos mantener nuestra propia humanidad.

Fecha de publicación: 16-11-19
Por: Roberto Blum

El artículo once de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece: “Toda persona tiene derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros requisitos semejantes. (…) Toda persona tiene derecho a buscar y recibir asilo. El reconocimiento de la condición de refugiado y el otorgamiento de asilo político, se realizarán de conformidad con los tratados internacionales”. Asimismo, los artículos catorce de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el veintisiete de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y el veintidós de la Convención Americana sobre Derechos Humanos reconocen este derecho básico de las personas.

Este derecho moderno deriva de la antigua tradición de la hospitalidad. El concepto del asilo se remonta 3 mil 500 años atrás y se encuentra, de una u otra forma, en los textos y tradiciones de varias sociedades antiguas. En la Torá o Antiguo Testamento, Dios le ordena a Moisés que designe seis ciudades como lugares de refugio “para los hijos de Israel, para el extranjero y para el que habita en medio de vosotros”. En el Nuevo Testamento, en el Evangelio de San Mateo se representa al niño Jesús y su familia huyendo a Egipto como refugiados. Durante los primeros años del islam, el profeta Mahoma y sus seguidores se vieron obligados a huir de la Meca, amenazados por quienes veían el peligro del poder creciente de la nueva fe y refugiarse en Medina en el año 622. Este hecho, la Hégira o huida, marca el principio de la era islámica.

El “asilo en sagrado” conocido también con la expresión de acogerse a lo sagrado era una ley antigua y medieval por la cual cualquier perseguido por la justicia podía acogerse a la protección de los templos paganos o las numerosas iglesias y monasterios cristianos. Esta costumbre se basaba en el concepto jurídico de que cualquier oprimido o perseguido por las autoridades de su país podía ser protegido por otra autoridad, fuese civil o religiosa, y derivaba de la antiquísima costumbre de la hospitalidad tribal. Cabe insistir en la incondicionalidad de la hospitalidad a los viajeros y el asilo a los perseguidos como parte de las “obligaciones sagradas” impuestas a todos los hombres y pueblos por los dioses mismos.

Así, la moderna tradición del asilo en Europa comienza con el Edicto de Potsdam por el que el margrave de Brandemburgo autoriza en 1685 a doscientos cincuenta mil hugonotes expulsados de Francia a asentarse en su territorio. Con la Revolución Francesa y la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano se va enfatizando el asilo a los perseguidos por sus ideas políticas.

En los siglos veinte y veintiuno, se vuelven a presentar migraciones masivas de refugiados por el fenómeno de la violencia extrema en los llamados “Estados fallidos”, guerras civiles o interétnicas o bien por razones climáticas y sus terribles consecuencias económicas que están desplazando de sus hogares a millones de personas en busca de su sobrevivencia. El fenómeno de los refugiados es tan grave que muchos países receptores están cerrando sus puertas a quienes solicitan el fundamental derecho de asilo o refugio.

El espíritu humanitario y de compasión a los perseguidos, “los pobres, las viudas y los huérfanos” es fundamental si queremos mantener nuestra propia humanidad. Afortunadamente todavía hay países y ciudadanos que no están dispuestos a sacrificar esos rasgos esenciales de la verdadera humanidad. Ojalá que México y los mexicanos continúen honrando esa bella y sagrada tradición del asilo y refugio para todos los que lo solicitan.