Lunes 9 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Guatemala pacífica

Del agua mansa me libre Dios que de la brava me libro yo.

Fecha de publicación: 14-11-19
Por: Méndez Vides

Los guatemaltecos somos un pueblo pacífico, a pesar de las notas rojas en los medios masivos, de las experiencias cotidianas que suenan tanto por escandalosas, de la gente que se altera y explota. Somos un país que resiste, y que logra mejores resultados cuando la indignación se manifiesta con control y en silencio, como ocurrió para la caída de Miguel Estrada Cabrera, Jorge Ubico y Otto Pérez Molina. De los primeros dos casos dan testimonio las marchas de protesta en silencio.

La presencia en la plaza en el 2015 tuvo un efecto poderoso por espontánea y pacífica, no fue como las mal llamadas marchas pacíficas que ponen tablas con clavos, gritan y amenazan, con niños y mujeres de escudo y exponen sutilmente armas. Una cosa son los indignados, y otras las marchas organizadas para meter miedo e imponerse. Las primeras se respetan, porque expresan el descontento chapín sin dañar, pintar paredes ni mostrar banderas. Hace cuatro años hubo jóvenes voluntarios recogiendo basura y pidiendo a los demás dejar la plaza sin rastros del vendaval. E hizo efecto, o Manuel Baldizón estaría por entregar el cargo presidencial, en lugar de recibir condenas y purgar cárcel en el extranjero.

Logrado el propósito, los ciudadanos regresaron cada quien a lo suyo, y los interesados buscaron atribuirse el mérito, queriendo volver costumbre la indignación masiva, pero sin éxito, por violentos e interesados, con agenda. Diferentes consignas intentaron volver a mover a la población, y hasta quemaron la bandera, lo que alejó definitivamente a la gente común de la plaza. La única movilización que volvió a tener impacto fue la marcha por la vida, por pacífica.

Los actos violentos de Chile, Bolivia o Ecuador, no van con nuestra identidad. A la masa guatemalteca le indigna ver a gente destruyendo lo que cuesta tanto hacer, a jóvenes chilenos nutridos y educados incendiando las iglesias de sus padres, explotando como fieras, y los conmueve la imagen de un padre que persigue a su hija medio desnuda que está robando botellas de licor en medio de la rapiña, porque humillado le ruega detenerse, y ella se quita el pañuelo de la cara y entrega a alguien más las botellas que no compró. Obedece y sigue al papá, quien no grita sino se muestra triste y avergonzado.

Guatemala es un país pacífico, donde la mayoría vive expuesta a los actos de dominación de unos cuantos. Pocos son los extorsionistas y muchos los extorsionados, pero la cultura de la resistencia es sabia, y al final quienes actúan mal caen. Aquí creemos que del agua mansa me libre Dios que de la brava me libro yo.