Miércoles 11 DE Diciembre DE 2019
Opinión

¿Chile o Bolivia?

Es importante que las sociedades tengan válvulas de escape para que los ajustes no destruyan los avances logrados.

Fecha de publicación: 13-11-19
Por: Italo Antoniotti

Los últimos 15 días han sido por demás interesantes en el subcontinente, por un lado vemos los inesperados disturbios que sacudieron a la panacea latinoamericana representada en la República de Chile. Un aumento en la tarifa del metro fue el percutor para una serie de protestas encabezadas por los estudiantes de los institutos públicos que luego de referir la “desigualdad económica” como consigna, se desplazaron hacia temas como el descuido de la educación por parte de las autoridades.

La crisis ha dejado más de 20 muertos, el presidente Sebastián Piñera mostró al principio una posición inflexible con los manifestantes y luego debió retractarse para que no terminara de incendiársele el país.

Si bien el capítulo chileno es digno de encomio en varios aspectos, no puede soslayarse que la mitad de las familias debe destinar más del 30 por ciento de su ingreso para el transporte público. Si el 50 por ciento de los chilenos gana en promedio una cantidad inferior a los US$600 entonces pueden ser entendibles algunas situaciones.

Así mismo, el sistema de pensiones ha sufrido varias modificaciones con respecto a su modelo original, mermando los ingresos para los beneficiarios. Esto sin mencionar a los 150 mil haitianos que ilegalmente han entrado al país desde hace años y ahora son sostenidos por el erario nacional.

Según la BBC el presidente Piñera reconoció que “es verdad que los problemas se acumulaban desde hace muchas décadas y que los distintos gobiernos no fueron ni fuimos capaces de reconocer esta situación en toda su magnitud” una admisión tardía, pero de cualquier manera necesaria para buscar una salida a la crisis. La dirigencia del sector privado chileno en un acto de madurez decidió unilateralmente aumentar los salarios en la mayoría de fábricas –algo que sería impensable en Miwate–.

Quizá la furia de los chilenos ocurre porque ese crecimiento sostenido de la clase media desde hace unos 30 años ha permitido a la población tomar conciencia de sus derechos como sociedad. En parajes como el nuestro, una colectividad cuya mitad de su infancia padece desnutrición y analfabetismo funcional, es apenas consciente de sí misma; un ejemplo es la votación en el área rural donde se ha elegido a militares asociados al conflicto armado, esto tiene lugar por un primitivo instinto de supervivencia que una especie de síndrome de Estocolmo activa en la profunda psique de las víctimas.

En la otra mano tenemos el caso de Bolivia, donde finalmente un indígena llegó al poder y terminó comportándose como cualquier dictadorzuelo latinoamericano de los setenta. Con avances interesantes en desarrollo, Evo morales fue ensoberbecido por la típica rosca y decidió hacer un referéndum para buscar un tercer mandato; el pueblo le dijo no y debió valerse de un fraude electoral para perpetuarse en el poder. Es imposible no recordar a George Orwell en Rebelión en la Granja cuando los animales ya no distinguían a los cerdos de los granjeros, pues habían caído en los mismos vicios de sus antiguos amos.

Alabar ciegamente a un país o sistema es de idiotas e ignorantes, el pensamiento económico es una parte del individuo; no obstante, hay una multiplicidad de factores motivacionales que hacen distintos cada época y caso. Es importante que las sociedades tengan válvulas de escape para que los ajustes no destruyan los avances logrados. La virtud de las élites es tener la suficiente visión para entender esto último, lastimosamente, es una asignatura que aquí siempre ha sido reprobada y ahora más que nunca tanto por los políticos como los dirigentes gremiales de turno.