Jueves 23 DE Enero DE 2020
Opinión

El que la hace, la paga

“¿Soy solo yo, o todo se está volviendo más loco allá afuera?” –Arthur Fleck–

Fecha de publicación: 12-11-19
Por: Estuardo Porras Zadik

Pareciera ser que las “fake news” acaparan a los medios de comunicación y desbordan las redes sociales con noticias fantasiosas y de teorías de conspiración. Pero no, las noticias son reales y es precisamente lo que viven hoy en día gran parte de las sociedades del mundo. No son los “sospechosos habituales” los que hoy monopolizan los titulares, sino aquellos que por siglos han sido referentes. Estados Unidos de Norte América somete al presidente Donald Trump a un juicio político, que pudiese convertirlo en el primer presidente en la historia de ese país en ser destituido. México se encuentra polarizado, al extremo de lo irreconciliable, entre quienes apoyan la gestión de Andrés Manuel López Obrador y la oposición. Chile, el país insignia en temas de desarrollo y estabilidad de Latinoamérica, entra en una espiral de violencia y sale a las calles en manifestaciones millonarias, que ponen un alto a la agenda política de su mandatario, Sebastián Piñera. El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, sale de prisión. En Argentina, la extrema derecha deja la economía del país en una crisis sin precedentes, obligando a sus habitantes a poner una vez más sus esperanzas en la ya fracasada propuesta de la izquierda gaucha. Y en Bolivia, el controversial líder de izquierda Evo Morales es forzado a renunciar a su cargo al no respetar la Constitución, ante su empeño por perpetuarse en el poder. Hay una sensación de que nadie sabe a dónde vamos a parar; ni el Imperio, ni la derecha ni la izquierda. Pareciera que la humanidad está sin brújula y los protagonistas históricos que dictaminaban el rumbo, hoy carecen de solvencia para seguirlo haciendo. El cambio se impone, pero aún no está claro ni quiénes, ni cómo, ni cuándo.

Independientemente de que algunas naciones den un viraje a la izquierda, el desvío no es más que la desesperación ante la falta de oportunidades de las masas; para quienes la desigualdad se ha instalado de manera perpetua en sus hogares, y los ha obligado a que el anarquismo se vuelque a las calles. En el espectro ideológico nadie cede y la norma se ha convertido en el ataque; lo que vaticina un quiebre social, económico y político sin precedentes. No será en este espectro en el que encontremos la solución, pues ambos extremos han sido incapaces de formular un camino viable y sostenible. Seguir empecinados en que habrá resultados diferentes a partir de estas dos opciones, es demencial. Ambos modelos tuvieron su oportunidad y ambos son responsables de nuestra condición actual. Sin embargo, a pesar de la infinidad de diferencias, estos tienen algo en común, que, a mi criterio, es responsable de gran parte de nuestros males: ambos están
encantados por el dinero fácil, la corrupción y la impunidad.

El único camino viable es el que ha adoptado Perú. País que padece los mismos problemas que abaten a otras naciones. No obstante, su manera de abordar la problemática le separa del montón. Tres presidentes procesados y encarcelados, uno se suicidó por los escándalos de soborno del caso Odebrecht, y otro, es forzado a renunciar. Ninguno de los últimos cinco presidentes se salva del cáncer de la corrupción; pero a diferencia de sus homólogos en otros países, ninguno de estos se salvó de ser procesado por la justicia peruana. El presidente interino, Miguel Vizcarra, procede a la disolución del sistema judicial, al ser este organismo expuesto en contubernio con el crimen organizado y el sector empresarial en temas de corrupción. Además, y apegado a la Constitución, anuncia la disolución del Congreso de la República para convocar a nuevas elecciones. Un país envuelto, como todos, en crisis, pero con una fórmula que promete ser exitosa: “El que la hace, la paga”. Solo así podrá cualquier modelo salir adelante, independientemente de su sesgue ideológico.