Lunes 9 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Estabilidad macroeconómica prevalece, falta mayor crecimiento

El desafío que queda al sector privado es buscar impulsar el crecimiento económico, al margen de las políticas públicas.

Fecha de publicación: 11-11-19
Por: Richard Aitkenhead Castillo

Hace poco terminó una visita de técnicos del Fondo Monetario Internacional. Es importante la revisión de la salud de la economía que ellos realizan periódicamente, sus recomendaciones específicas y el consabido reconocimiento a las autoridades por sus esfuerzos por mantener la estabilidad macroeconómica. Confirmaron que el crecimiento estará por encima del tres por ciento este año y la inflación se mantiene por debajo de lo esperado. Información importante que sigue sin enfrentar el desafío del crecimiento económico o el de la mejora de las condiciones sociales, especialmente en el interior del país.

Algunas de las preocupaciones reiteradas del FMI no gustan al ser escuchadas en las clases medias y altas del país: la carga tributaria es excesivamente baja, y la tendencia es declinante. En su mejor momento, en 2007, la carga tributaria logró superar el doce por ciento del PIB. Hoy, sufre por alcanzar el diez por ciento. Esto significa una quinta parte menor en términos relativos, en momentos en los que el Congreso cree tener una bolsa grande de dulces que repartir entre amigos, grupos de interés y financistas. El elevar el impuesto sobre la renta a las personas, actualizar el impuesto al combustible o cerrar las fuentes de fuga al IVA, son temas que no se desean abordar. Y desde el ángulo de la SAT, la apropiación indebida del flujo de caja de los exportadores, mediante la no devolución del crédito fiscal o seguir sin permitir el uso de la cuenta corriente son respuestas irresponsables.

El tema de la calidad del gasto público. Otro tema que abordan reiteradamente los estudios técnicos y del que no existe voluntad política de ser abordado en el Congreso o el Ejecutivo. La idea es gastar, gastar y seguir gastando. De eficiencia se discute poco, muy poco. De prioridades, menos. El que se gasta mucho en operar y que se ejecuta muy poco en resolver problemas nacionales o en inversión pública, no está en el debate. La mayoría de los diputados buscan distribuir a su antojo recursos públicos, contratar más gente, mantener tranquilos a los líderes sindicales y repartir en compras e inversiones públicas. Crecer más rápido requiere de mayores recursos pero mejor gastados.

La falta de inversión en servicios públicos es clara y está demostrado que el Congreso no quiere que la iniciativa privada, en transparencia, invierta en satisfacer necesidades evidentes de la población. Prefieren el discurso populista y la escasez real de servicios públicos, para que cuando se prestan o construyen, lo puedan hacer varias veces más caro que lo que debiese ser. Eso sin hablar de la falta de voluntad de apoyar reformas que tiendan a la modernización y la eficacia en el servicio. Por tanto, del gobierno no vendrá el impulso a la economía, a menos que pueda sorprendernos el próximo gobierno por su firmeza y decisión.

El desafío que queda al sector privado es buscar impulsar el crecimiento económico, al margen de las políticas públicas. La visión requiere de inversiones con visión de largo plazo y no tan solo de retornos de corto plazo. Deben ser propuestas que se orienten a aumentar la productividad en el sector agrícola, el riego por goteo podría ser una solución interesante, el desarrollo de la capacidad de manufactura, mediante promover la apertura de mercados y el aprovechamiento del CAFTA, la creación de vivienda urbana, elevar el poder de compra de la familia base, así como el desarrollo de motores de crecimiento en los servicios de back office, en el turismo como generador de empleo, el impulso del centro logística de informática, por citar los más conocidos. Mientras tanto, las remesas son el principal motor de la economía nacional para este tímido crecimiento.