Jueves 14 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Hacen fiesta el pisto, porque no les cuesta

Cierre de año y fin de un gobierno, acelera intención de negocios millonarios. Diputados y funcionarios piensan más en negocios que en servicio.

Fecha de publicación: 09-11-19
Por: Gonzalo Marroquín Godoy / Enfoque

Al famoso filósofo francés Voltaire (1694-1778) se le atribuye la frase que dice: quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por el dinero.

Esto queda como anillo al dedo para muchos diputados y funcionarios que se olvidan de la esencia de ser servidor público, y ven su paso por las dependencias del Estado como oportunidad para enriquecerse o, al menos, cambiar su estatus socioeconómico.

Por eso vemos a todos de estos personajes que en poco tiempo cambian totalmente su estilo de vida, al extremo de brincar a zonas más residenciales, mejorar marcas y modelos de autos y, por supuesto, seguir el sabio consejo del expresidente Juan José Arévalo, quien dijo que viajar es vivir… y así lo hacen.

Muchos de ellos han aprovechado su paso o estadía en puestos importantes para crear ONG, ya sea propia o la escondan bajo algún prestanombres o familiar, con el fin de aprovechar los diferentes nexos que se hacen en las altas esferas de la burocracia cuando están en medio de las mieles del poder.

Por supuesto se dan otros tacos de menor cuantía, como visitar restaurantes más sofisticados, tomar vinos y licores que antes les parecían tragos de ricos, y tener pasatiempos más costosos. Los tenemos a nuestro alrededor y es fácil detectar a estos nuevos ricos, lamentablemente a costillas de la pobreza que tanto afecta a millones de guatemaltecos.

Me llaman la atención algunas de las noticias recientes. Por ejemplo, que quieran construir una escuela en San Juan Chamelco, Alta Verapaz, nada menos que a un costo de Q60,000,000 (SESENTA MILLONES DE QUETZALES!!!!). Estamos hablando únicamente de dinero destinado a la construcción. Si el metro de construcción para una vivienda de clase media –con mejores acabados que los de cualquier escuela o instituto que yo conozca–, es de US$450 por m², quiere decir que esa escuela tendrá cerca de 17 mil m² de construcción. No creo que sea así.

Estamos hablando de las instalaciones físicas, pero luego habría que equipar la escuela y, por supuesto, ponerle maestros dignos. No tengo nada contra mejorar las condiciones de las escuelas nacionales. Al contrario, creo que se deben construir más y cada vez mejores, pero apesta a negocio shuco eso de querer meter Q60 millones en una escuela en un municipio al que se ha mantenido en el olvido. De repente surgió el buen corazón –gamonal– de este gobierno.

Como dirían en la época de mi padre: ¡mamolas! –señal de mofa cuando nos quieren tomar por babosos–. Se quieren clavar mucha plata.

Ya comenté la indemnización –cajonazo (robo) al Estado, la verdad–, que quiere recetar el Congreso a los diputados que dejan el Legislativo en enero próximo, como si hubieran sido despedidos de su cargo, cuando en realidad están terminando un mandato para el que fueron elegidos.

En el Congreso hay un estira y encoge en torno a la construcción de la ruta Escuintla-San José o Puerto Quetzal. Atrás de la decisión que están tomando los diputados hay muchos intereses creados. Hay quienes prefieren que el Gobierno la construya –y la adjudique lo antes posible–, mientras otros están a favor de la inversión público-privada. En todo caso, lo que pretenden es que en una u otra modalidad, se les salpique. No están viendo las necesidades de desarrollo del país, sino sus intereses.

También cabe mencionar la intención que tiene el ministerio de Gobernación, por medio de la Dirección de Migración, de suscribir a la carrera y ya en la plataforma de salida, un contrato ¡por ocho años! para la producción de pasaportes. Apesta a uno más de esos negocios de última hora, para engrosar alguna chequera…

Sería interesante que en algún momento viéramos a un funcionario dar ejemplo verdadero de probidad y de interés de actuar con transparencia. Su actitud, sobre todo haciéndola pública, podría ayudar a otros a tener que seguir sus pasos. Hay muchos funcionarios probos, pero les da miedo decirlo, por el qué dirán de la mayoría de mafiosos.

Lo que hemos visto a lo largo del tiempo es un deterioro en ese concepto de funcionario probo, transparente, capaz y trabajador. En vez de eso, vemos a personas que llegan a los cargos públicos pensando en los negocios que pueden hacer desde el momento en que se sientan en el escritorio.

Estamos a la víspera de un cambio de gobierno. No hay muchos indicios de algo bueno. Más bien parece que tendremos la famosa receta chapina de más de lo mismo, pero también debemos decir que hay que tener esperanza en que salgan las buenas manzanas y sean estas las que contagien a las demás. Eso sí, hay que esperar que los buenos funcionarios y diputados –si los hay–, lo demuestren. De lo contrario, el sistema los terminará absorbiendo y contaminando.