Jueves 14 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Entre políticos y periodistas

El trabajo de un buen reportero y de un columnista es investigar y publicar lo que considera un hecho real o un tema donde lo aseverado sea comprobable.

Fecha de publicación: 08-11-19
Por: Silvia Tejeda

La mayoría de los políticos de turno, cada vez que suben al poder, están más desorientados. Hasta ha habido casos de funcionarios públicos que dan la orden de matar a un reportero que denuncia una actuación corrupta. Equivocados creen que los medios de comunicación tienen la directa obligación de servirles de voceros para difundir sus historietas y cuentos rosa; o como si fueran grandes hazañas, se molestan cuando no se difunden, a titulares, las obras que ejecutan. Si es sabido que es su obligación en el desempeño de su trabajo. Si un reportero o un medio no lo hace, se victimizan o toman venganza.

Es necesario que ahora que el señor Giammattei, presidente electo, antes de que inicie su nueva gestión, reflexione sobre lo que ha sucedido en el presente gobierno. Se ha llegado hasta prohibir el ingreso de medios calificados como no simpatizantes de la función del Presidente y sus ministros. Es vital que instruya detalladamente a sus próximos cercanos colaboradores explicándoles cuál es la función de los medios de comunicación en un país democrático.

Los nuevos funcionarios pueden salirse del ridículo pensamiento acerca de que la prensa, en general, pertenece también a sus claques de adoradores serviles que no cuestionan sus desaciertos, sus abusos de autoridad, y menos sus abiertos hechos de corrupción. El trabajo de un funcionario no es secreto, es público. Los guatemaltecos contribuimos en diferentes formas para su salario y todas sus prebendas. Es obligación moral que utilicen los millones del presupuesto a su alcance haciendo un trabajo efectivo y honesto que contribuya al progreso del país. Cumplir con su cargo debe ser un libro abierto.

Mención especial merecen algunos diputados que arman a su alrededor un círculo defensivo para que sus actos no sean descubiertos, y dan instrucciones a sus guardaespaldas que a rempujones desaparezcan la función de los reporteros, como que si desempeñarse en ese trabajo fuera el de una plaga dañina. Por qué esa inquina a quienes están cumpliendo su trabajo, a quienes no pueden comprar para que mientan.

En mi caso, que tengo casi cuarenta años de ser editorialista, he observado cómo los políticos más corruptos buscan colocar su biombo de impunidad entre ellos y la información de su trabajo. Han encontrado el sinuoso camino de contar con asesores –de imagen–, dicen ellos, que los instruyen para mentir, para esconder sus actos que saben los perjudican en su apariencia de señorones intachables para que nadie ose descubrirles sus inmundos pies de barro.

El trabajo de un buen reportero y de un columnista es investigar y publicar lo que considera un hecho real o un tema donde lo aseverado sea comprobable. Esto sirve para informar a los ciudadanos y que ellos formen su propio criterio. La libertad de prensa y de opinión es quizás la única conquista democrática auténtica que se ha vivido después de la Constitución de 1985. Para que el valor de la libertad de prensa se mantenga y se practique, es necesario que aquellos que desempeñen un cargo público respeten ese trabajo, y no lleguen al gobierno o a las diputaciones creyendo de que son omnímodos e intocables.

Señor Giammattei, usted que sí sabe relacionarse con los medios de comunicación, instruya a sus colaboradores para que haya una evolución en el trato respetuoso y justo a la libre emisión del pensamiento. La cual no debe ser sometida a criterios de seudopolíticos que tienen mucho que esconder al conocimiento público.