Jueves 14 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Cría cuervos y te sacarán los ojos y algo más

Volver a apoyar agendas cortoplacistas y de interés sectorial solo alimenta la crianza de cuervos que acabarán con cualquier perspectiva de desarrollo.

Fecha de publicación: 08-11-19
Por: Manfredo Marroquín

La no aprobación de la iniciativa de ley 5506 proyecto de rehabilitación, administración, operación y mantenimiento de la autopista Escuintla-Puerto Quetzal provocó una enérgica reacción de rechazo y condena de cámaras y gremios empresariales, pues en la práctica representa un golpe mortal al mecanismo de alianzas público-privadas en el que el sector cifraba grandes expectativas.

Pero la molestia del sector privado hacia los diputados llegó tarde. El grupo de bloques legislativos con mayoría en el Congreso solo conocía elogios y apoyo del sector privado a sus acciones. Incluso aquellas que riñen abiertamente con irrespetar órdenes emanadas de la máxima Corte del país. Haberlos empoderado a tal extremo, los ha llevado a alucinar con agendas muy personales que ya ni siquiera intentan disfrazar de interés nacional.

Dejar que el Congreso funcione a la carta, es decir sin agenda de trabajo definida, puede traer satisfacciones momentáneas para quienes gozan de derecho de picaporte y buscan favores y resguardo de intereses sectoriales, pero trae consigo la amenaza de reducir la actividad de ese Organismo, a un menú personalizado al gusto de los que hoy detentan mayoría. Al final de este juego perverso de utilización del poder, los favores con favores se pagan y en eso los bloques con apoyo oficialista y aliados, han demostrado dar cátedra.

La Ley de Alianzas Público-Privadas nació con un mal genético que obliga a conseguir la aprobación del Congreso para cada proyecto. En otras palabras, el primer peaje a pagar en cada proyecto no será el que se cobre en una garita de carretera, es el que establezcan debajo de la mesa quienes condicionan su voto a la aprobación de cada proyecto.

Afortunadamente para el país, quedan apenas dos meses para que la legislatura actual termine su periodo. El daño hecho es mayúsculo e irreparable, aunque todavía existe el peligro de que aprovechen este corto periodo para seguir haciendo literalmente de las suyas. Para muestra, las últimas iniciativas presentadas buscan dejar sin efecto la extinción de dominio y el lavado de dinero por delitos de corrupción y narcotráfico, condicionando su aplicación a la existencia de un delito previo. Toda una pieza digna de entrar al salón de la fama del horror legislativo.

Los grandes proyectos para desarrollar infraestructura vial, portuaria y de otra índole para propiciar el dinamismo económico, descansaba en gran medida en el funcionamiento de la modalidad alianzas público-privadas, dada la pobre recaudación fiscal del país que también cayó durante este gobierno y que nunca llamó la atención de los legisladores. La caída de la carga fiscal significa el auge y bonanza del contrabando y otros negocios ilícitos que parecen no incomodar ni preocupar a los diputados.

Para que el país abandone los atajos y los callejones sin salida en la búsqueda del desarrollo hace falta una acción coherente de todos los sectores que debería empezar exigiendo una agenda legislativa de consenso. Volver a apoyar agendas cortoplacistas y de interés sectorial solo alimenta la crianza de cuervos que acabarán con cualquier perspectiva de desarrollo.