Lunes 16 DE Diciembre DE 2019
Opinión

¿Quauhtlemallan?

Fecha de publicación: 07-11-19
Por: Roberto Gutiérrez

Con esta denominación –en lengua náhuatl– cuyo significado es: “lugar de árboles”, es como se conoció el actual territorio de Guatemala por los conquistadores españoles, (según carta de Pedro de Alvarado a Hernán Cortés, año 1524). En aquella época la región incluía buena parte de la actual Chiapas y el Soconusco, hoy de México.

La interrogante que planteo: ¿es válido seguir llamando a nuestro país “tierra de árboles”; sobre todo después de conocer la información que aquí se comparte? Veamos.

La actual República de Guatemala cuenta con un territorio de 108 mil 888 kilómetros cuadrados, de los que en el año 1950 –hace apenas 68 años– un 64.7 por ciento (equivalente a 70 mil 451 kilómetros cuadrados), estaba cubierto de árboles, manglares, áreas de agroforestería y otras “no adecuadas para agricultura y ganadería”. De manera que la cobertura forestal abarcaba dos terceras partes del territorio nacional, con todos los beneficios ambientales que ello conlleva. Menciono algunos muy importantes: protección de suelos y fuentes de agua; albergue de la biodiversidad (Guatemala ha sido considerada como un país megadiverso en especies de flora y fauna); amortiguador del cambio climático; fuente de alimentos, medicinas y, también, de combustible, (siendo esta razón una de las causas mayores de la deforestación que el país ha sufrido y sigue dándose). Ha sido también causante de deforestación el cultivo de algodón, promovido durante el gobierno del Doctor Juan José Arévalo (1945-1951), lo que facilitó que más de 1,300 kilómetros cuadrados en zonas cálidas fueran deforestadas; en décadas subsiguientes se incrementó la deforestación en otros 1,500 kilómetros cuadrados de territorio que hoy se utilizan para cultivo de caña de azúcar, banano, hule y palma africana. A propósito, la Gremial de Palmicultores de Guatemala se comprometió recientemente con una estrategia de cuidado medioambiental que, se espera, sea eficaz de cara al manejo de los recursos naturales. Ello reviste especial importancia en el norte del país –el departamento de Petén– en donde la deforestación ha sido mayor en áreas que actualmente se utilizan para cultivo de palma africana, como también en ganadería.

Como consecuencia de todo lo anterior, en el año 2016 la cobertura forestal se estimaba en 35 mil kilómetros cuadrados, equivalentes a tan solo un 32.1 por ciento del territorio nacional, distribuido en 43 por ciento en bosques y un 57 por ciento en “áreas protegidas”, las que últimamente se han puesto en riesgo por invasiones incontroladas. De manera que la disminución (pérdida) de cobertura forestal de los últimos 69 años es de más de 35.5 mil kilómetros cuadrados, equivalentes al 32.6 por ciento; prácticamente la mitad de la cobertura con que el país contaba en el año 1950. Esto significa que si se sigue con la misma velocidad deforestadora, en 70 años más estaremos en un desierto total.

Obviamente esa no será la realidad, pues se ha ido tomando conciencia del problema, y hay esfuerzos por frenar la deforestación, aunque aún insuficientes, como el de PROBOSQUE y los incentivos forestales a pequeños productores (PINPEP), o el ya concluido de incentivos fiscales (PINFOR); aunque hay que tomar en cuenta que con estos esfuerzos únicamente se ha logrado recuperar un siete por ciento de área perdida…y ello con una inversión del Estado de cerca de 1,700 millones de quetzales invertidos en los últimos 44 años (1975-2019).

Se estima que para recuperar el área perdida y llegar a la cobertura que se tenía en el año 1950 –con los costos actuales– el Estado tendría que invertir 40 mil millones de quetzales.

Según el estudio de “Dinámica forestal 2010-2016” los departamentos que más masa forestal han perdido son: Petén, las Verapaces, Izabal, Huehuetenango, Guatemala, Sacatepéquez, Santa Rosa, el Progreso y Quiché. Y los que más han ganado: San Marcos, Suchitepéquez, Quetzaltenango, Retalhuleu, Chimaltenango, Sololá, Escuintla, Chiquimula, Jutiapa, Jalapa y Zacapa.

Producir un árbol en invernadero cuesta cerca de Q2.00; y los programas como el PINPEP le reconocen al campesino, en un periodo de 4/5 años, hasta Q60.00 por cada árbol que siembra y cuida. Ese campesino debe esperar un mínimo de 20 años para cortar y aprovechar el árbol, del que puede recuperar hasta Q1,000.00 (a valor actual).

De manera que el esfuerzo del PINPEP es de muy largo plazo, aun cuando resulta en un medio de monetización para campesinos que poseen terrenos comunales o privados de pequeña escala.

En Guatemala existen cuatro tipos de bosques: los latifoliados (hoja ancha); las coníferas (pinos, pinabetes y ciprés); bosque mixto (las dos anteriores); y bosques de manglares (en las orillas del mar). El tiempo de crecimiento de un árbol en Guatemala es más veloz que en Europa; se estima hasta un 50 por ciento más rápido.

Sobre el cuestionamiento inicial habrá que reflexionar; una alternativa es encontrar sustitutos a la leña para cocinar, por ser este el mayor depredador actual del bosque…porque ¡el nombre de nuestro país debe perdurar por siempre!