Jueves 14 DE Noviembre DE 2019
Opinión

José Barnoya García

Mi querido Chepe, sé que estás de duelo.

Fecha de publicación: 07-11-19
Por: Julio Penados del Barrio*

La casa Barnoya García está situada frente a la iglesia de Santa Rosa que fue la primera catedral de Guatemala y calle de por medio la que fue sede del arzobispo don Cayetano Francos y Monroy. Es una casa señorial, luminosa, construida a finales de 1700 con corredores parqueados con pilares de madera y esos patios amplios llenos de luz y de flores. Allí vivió el arzobispo durante doce años.

Chepe Barnoya García nació en esta casa: prematuro, pequeñito como un ET chapín. A los diez días de nacido irrumpió en la casa un piquete de policías, eran tiempos del general Ubico, buscando armas y a la pobre mamá se le fue la leche.

Vecinos del barrio de Santa Rosa aconsejaron que lo mejor para los niños prematuros era la leche de burra y así Chepe fue alimentado durante seis meses con la leche de la burra nodriza. Él atribuye el efecto de esta leche a que le hayan crecido tanto las orejas y otras cosas que no confiesa.

Creció bajo la sombra de don Cayetano y la influencia de su padre, el ilustre doctor Barnoya, liberal como aquel grupo de estudiantes universitarios que lucharon contra la dictadura de don Manuel Estrada Cabrera. Un día el doctor Barnoya, Epaminondas Quintana, Miguel Ángel Asturias y David Vela se sentaron en el suelo a la sombra de un arbolito que está a la entrada del zaguán y ya con sus buenos tragos escribieron con música de José Castañeda La Chalana, esa canción tan alegre y desafiante que todos los sancarlistas cantamos en las fiestas cuando ya estamos bolos.

Don César Brañas, gran escritor, dirigía en el diario El Imparcial una página literaria y allí nos dio generoso alero y empezamos a escribir en la edición de los sábados. Chepe escribía artículos cortos como de quince líneas con temas que solo él entendía. Parecían como el caminar de unas hormiguitas a las que se les hubiera puesto tinta china en las patitas. Así trataba yo de descifrar los artículos de este aspirante a escribiente.

Cuentan que por la noche se oían los pasos del arzobispo con el ruido del báculo en el suelo y despertaba a Chepe para dictarle aquellos mensajes crípticos. Pero un día don Cayetano pensó algo mejor: le soltó las manos y Chepe comenzó a escribir para ya no parar. Tiene una columna de opinión el diario elPeriódico y en su haber una veintena de libros de cuento, ensayo, poesía, epigramas, manifiestos y cuanto género literario se le pone enfrente.

Cuando le encuentro en la calle le digo: ¿Sabés Chepe qué me gusta más de vos? Que cada día estás escribiendo mejor. Historiador de la Huelga de Dolores, el licenciado Balsells lo llama “el más grande huelguero que parió la Universidad de San Carlos”.

Chepe, cristiano irreverente, le puso el apodo de Sor Pijije a monseñor Rossell y Arellano, Sor Cotuzo al cardenal Casariego y a Próspero, su gran amigo, sabiendo que somos peteneros, le puso Sor Saraguate.

Mi querido Chepe, sé que estás de duelo. Esa mujercita tan llena de gracia y alegría que te acompañó toda la vida ya está en el cielo y allá arriba, aunque tú no lo quisieras creer, nos vamos a encontrar todos los que en este mundo nos hemos querido. Un abrazo.

*Espacio cedido por el columnista Edgar Gutiérrez.