Domingo 8 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Las carreteras de peaje y la dotación patrimonial ciudadana

Entraron al patio felices porque habían conseguido pelota con qué jugar. La mayoría sugirió colocar las porterías (dos ladrillos en cada extremo) de manera que los “shutazos” no pusieran en peligro las ventanas que daban al corredor, pues no querían ser castigados. Pero unos cuantos objetaron que hacerlo así implicaba una lenta y cansada recuperación de la pelota “cada vez que saliera fuera”. Entre estos últimos estaba Jacobito, un canchito de anteojos que apretando entre sus brazos su pelota nueva y con una sonrisa sarcástica, dijo: “si no lo hacen como yo digo, nadie juega…”.

Fecha de publicación: 05-11-19
Por: Lionel Toriello

Desde tiempos de la antigua Roma, las carreteras principales y los caminos secundarios, junto a las rutas marítimas, han sido reconocidas como indispensables para el desarrollo económico. Tanto como la creación de una clase media dotada de un modesto patrimonio inicial (los veteranos, convertidos en modestos granjeros), fueron los puertos, los barcos, la seguridad que proveían las legiones, y las carreteras romanas, las que crearon el primer “milagro económico mundial”.

Por eso tienen razón quienes procuran que Guatemala salga pronto de esa absurda situación en la que la velocidad a la que nos transportamos en nuestro territorio sea apenas tres o cuatro veces la de una carreta de bueyes. De San Antonio, Texas, a Laredo, en la frontera norte de México, hay 252 km y se hacen normalmente (respetando “límites máximos de velocidad”) menos de dos horas y media. De la ciudad de Guatemala, a Ayutla, en la otra frontera de México, hay 256 km, pero aquí se hacen entre cinco (¡con mucha suerte!) y hasta ocho horas (lo más probable) para recorrer en vehículo esa distancia. El problema es que tanto como cuando los sucesores de Justo Rufino Barrios quisieron hacer sus “caminos de hierro” y traer a estas tierras “el progreso ferrocarrilero”, no está claro “de dónde va a salir el pisto” para construir la moderna red vial que necesitamos. Una de las propuestas que más terreno ha ganado aquí recientemente, es la de que “sin que le cueste un centavo al contribuyente” se hagan concesiones para habilitar carreteras de peaje, al amparo de la ya vieja pero aún no estrenada ley de “alianzas público-privadas” (Decreto 16-2010). El asunto no deja de tener “sus bemoles”, sin embargo. En primer lugar, a muchos “interesados en invertir” les apetecen las rutas “rentables” en las que a la condición cuasi monopólica de las rutas, se añade la de un comprobable volumen de tránsito que garantiza amplios márgenes financieros, como por ejemplo, el trayecto Escuintla-Puerto Quetzal. Pero poco se indica en estas propuestas cómo va el país a garantizar la conexión a rutas que aunque menos transitadas, son indispensables para que la red vial tenga la cobertura que la economía nacional realmente necesita y que en sistemas “balanceados” se logra mediante un subsidio implícito de las rutas más transitadas a las menos transitadas. Además, se habla aún menos de qué pasaría, cuando como está ocurriendo en España con nueve grandes autopistas ahora mismo, esos emprendimientos quiebran.

En España, el Estado está viéndose forzado a “absorber” las carreteras en quiebra, y si los empresarios se salen con la suya en las Cortes, hasta a “pagar una indemnización” a los inversionistas fracasados. ¿Dónde queda aquello, entonces, de “sin que le cueste un centavo al contribuyente”…?

El asunto viene a cuento porque la semana pasada hubo todo un tango legislativo: primero los prolegómenos, luego el propio baile y finalmente, los berrinches. El asunto empezó con una casi inexplicable alianza entre el pensamiento conservador y los representantes de la cleptocracia en el actual Legislativo, expresada a través de vehementes declaraciones de las más venerables instituciones del patriciado (el CEDECON, el CACIF, etcétera) “asustando con el petate del muerto” en relación a la negativa de la CC para dejar que la actual legislatura nos impusiera a los magistrados de las más altas Cortes de los próximos cinco años. Molestos muchos diputados con que “se les fue de las manos” el proceso de asegurarse jueces “comprensivos” para juzgar acerca de sus inminentes sindicaciones cuando estén otra vez “en la llanura”, castigaron a sus ineficaces aliados de ocasión, negando la esperada aprobación de la iniciativa 5506, que otorgaría en concesión “la rehabilitación, administración, operación y otras actividades complementarias” para la deliberadamente abandonada autopista Escuintla-Puerto Quetzal, que ahora sería “de peaje”, como el trayecto Palín-Escuintla, a pesar de que ya fue construida por el Estado. El CACIF montó en cólera, encontrando ahora novedosas limitaciones en el comportamiento de los mismos diputados a los que hasta hace poco, estaba apoyando, de facto, en su búsqueda de impunidad. “Ahora me la pagan”, dijeron, pues “se están contemplando acciones legales” para penalizar “con el cinco por millar de la inversión comprometida” a este Estado guatemalteco que tiene un organismo Legislativo “tan antipatriótico”, por sus decisiones soberanas… Las objeciones de un par de alcaldes, que se quejaron de que sus comunidades se verían “forzadas” a pagar peaje, pues no hay caminos alternos; el sospechoso abandono del mantenimiento de la carretera actual, “que huele a chucho muerto”; pero sobre todo, el hecho de que una vez más, se esté entregando un valioso activo republicano a un puñado de inversionistas, sin beneficio tangible para la mayoría de los ciudadanos, no se ha tomado en cuenta. Eso le pasa al “Consejo Nacional de Alianzas para el Desarrollo de Infraestructura Económica” (CONADIE) por no compartir el negocio con nadie (o casi con nadie). Otro gallo les cantara, si previamente hubiesen impulsado la Ley de Dotación Patrimonial Ciudadana y entonces, todos los ciudadanos fueran socios del 49 por ciento del nuevo negocio…

América Latina es un continente en el que un capitalismo atrasado agota sus posibilidades de contener la frustración de sus mayorías sin esperanza, permanentemente amenazado por la posible aparición de la próxima dictadura mesiánica, como lo evidencian los sucesos recientes en el Cono Sur. Diputados de la próxima legislatura: Guatemala podría romper ese terco dilema histórico, entre los que quieren que las cosas no cambien y los que quieren repartir lo ajeno, si construimos un capitalismo incluyente y moderno, mediante la dotación patrimonial ciudadana que debimos pero no instauramos cuando se fundó la República, hace ya casi dos siglos. Un sistema de ferrocarriles, un sistema vial integrado, la explotación de nuestro subsuelo y de otros activos republicanos, deben desarrollarse haciendo partícipes a todos los ciudadanos. Eso generará inversión de largo plazo, un auténtico mercado de capitales, empleo formal y nos acercará a niveles de consenso que hagan posible el destierro de nuestros hoy ya absurdos niveles de polarización. Guatemala, pionera de un inesperado y novedoso “despegue económico”, alumbraría, aunque solo fuese fugazmente, la actual oscuridad del mundo…