Domingo 15 DE Diciembre DE 2019
Opinión

La amargura de Chile

El tiempo desnudó que el modelo de bienestar chileno es un espejismo, una burbuja que reventará en los países donde la situación es peor.

Fecha de publicación: 05-11-19
Por: Amílcar Álvarez

La exageración mediática de los beneficios del neoliberalismo no contaba con que la realidad, su peor enemigo, lo pondría en su lugar. El libre mercado no es un don de la evolución social ni nació por generación espontánea al ser el fruto de la ingeniería social y de la voluntad política, sin la existencia de instituciones democráticas. El auge se limitó a la época Victoriana 1840-1870, sin poder reproducirse por los elevados costos sociales. Al tomar el poder político los neoliberales en la década 1980-90, con Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en EE. UU., el libre mercado se puso de moda, durando apenas diez años. Algunos lo promueven todavía, sin decir que es rival de la democracia que propicia la intervención del Estado, restaurando la equidad económica y social protegiendo a la mayoría. Tampoco dicen que “si capitalismo significa libre mercado, entonces ninguna opinión es más equivocada que la creencia de que el futuro está en el capitalismo democrático. Su corta vida y costo social es de tal magnitud, que ninguna democracia puede legitimarlo por mucho tiempo”*, verdad que ignoran los dogmáticos arrogantes debilitando el Estado, destruyendo la cohesión social. La puntilla se la da míster Trump, al desmantelar la globalización contradiciendo la esencia del fundamento filosófico acentuando el declive y anticipar su entierro, en un mundo en que las transnacionales controlan el 40 por ciento de la producción y el 70 del comercio global in crescendo, sin dejar de ser lo que son: un poder paralelo invisible.

En esta coyuntura, es oportuno recordar lo que escribió el Maestro de maestros Octavio Paz, –Premio Nobel de Literatura 1990– en su libro Tiempo nublado. “Hacia 1960 comenzaron unos trastornos públicos que hicieron temblar a occidente. Contra las predicciones del marxismo, ni la crisis fue económica ni su protagonista central fue el proletariado. Fue una crisis política y, más que política, moral y espiritual, los actores no fueron los obreros sino un grupo privilegiado: los estudiantes. En los Estados Unidos la rebelión juvenil contribuyó decisivamente al descrédito de su política en Indochina, en Europa occidental quebrantó, ya que no el poder de los gobiernos y las instituciones, sí su credibilidad y su prestigio. El movimiento de los jóvenes no fue una revolución, en la recta acepción de la palabra, aunque se haya apropiado del lenguaje revolucionario. Tampoco fue una revuelta sino una rebelión… Fue la rebelión de un segmento de la clase media y fue una verdadera revolución cultural”…

En América Latina el detonante común de la rebelión actual es la creciente desigualdad social que alcanzó a la clase media. A los pobres los volvió miserables. Chile resalta por la habilidad política de presentarlo como paradigma neoliberal, sin poder impedir que el tiempo revele la verdad de un sistema en que el homus economicus es un objeto inducido a consumir y gastar más de lo que gana y endeudarse pagando intereses leoninos hasta que se muera, diluyéndose el nivel y calidad de vida alcanzado por el incremento constante de precios en los bienes y servicios, –a nivel de Nueva York– y los bajos ingresos, sin que los gobiernos actúen y supriman los abusos. La explotación descarada o refinada desespera a los pueblos, rebelándose contra un sistema salvaje que les niega el derecho de acceder al bienestar y el progreso, provocando convulsiones sociales que ya no son exclusivas de los olvidados, exigiendo respeto a los derechos elementales. El tiempo desnudó que el modelo de bienestar chileno es un espejismo, una burbuja que reventará en los países donde la situación es peor, por la carencia absoluta de valores y la incapacidad de la dirigencia de asimilar la realidad y resolver la crisis. Unidos por la tragedia, la clase baja y media ya no permitirán que sigan destruyendo las estructuras sociales ni las conquistas legítimas que la ley confiere y protege. *John Gray. Falso Amanecer.