Jueves 14 DE Noviembre DE 2019
Opinión

¿Soberanos?

“Lo único seguro es que Estados Unidos seguirá decidiendo todo por nosotros, pero tal vez la alternativa no sería mejor. Cuando nos dejan libres lo hacemos todavía peor, lo menos malo parecería ser que sigamos siendo esclavos”

-Mario Vargas Llosa-

Fecha de publicación: 22-10-19
Por: Estuardo Porras Zadik

El peor mal ha sido indiscutiblemente la mal llamada soberanía a la que casi sin excepción han apelado la gran mayoría de gobernantes latinoamericanos; ya que lejos estamos de serlo.  Ser soberano implica ser un Estado independiente sin interferencias extranjeras. Este poder político supremo, trae consigo responsabilidades que al menos en el caso de Guatemala, gobernante tras gobernante han sido incapaces de atender. “La Embajada” continuará marcando el paso hasta que seamos capaces de ejercer nuestra soberanía. Al día de hoy coquetear con otros gigantes sería un suicidio, y podría desatar consecuencias desastrosas para la región, dejando a países como el nuestro en medio de una conflictividad que no nos pertenece y de la que muy poco tenemos que ganar. Solos y “libres” dejamos que lleguen al poder fantoches, manipulados por poderes fácticos que se benefician de nuestras enteleridas democracias, y cuando logran distanciarse de estos, resultan siendo falsos profetas; populistas que engañan al pueblo y que resultan ser aun peor. 

Para bien o para mal nuestro destino siempre ha estado ligado a las decisiones que ha tomado por nosotros Estados Unidos. Nuestra posición geográfica -estratégica desde una óptica y amenazante desde otra- nos limita aun más nuestra independencia. Pretender ser soberanos es absurdo y como ya lo ha demostrado la historia muy peligroso. Absurdo, porque la dependencia económica con Estados Unidos ha sido y es total. Ejemplo de ello fue la reacción de nuestras autoridades empresariales y económicas ante la amenaza del presidente Donald Trump de imponer sanciones a nuestras exportaciones y a las remesas familiares, de no firmar el acuerdo de tercer país seguro con esa Nación. Peligroso, porque un Nicolás Maduro, un Daniel Ortega, un Juan Orlando Hernández y un Jimmy Morales han sido capaces de destruir la democracia, atentar en contra del Estado de Derecho y de debilitar la poca institucionalidad que agoniza. Algunos de estos abiertamente antagonistas con Estados Unidos, pero otros apadrinados hasta que es demasiado tarde y se les salen de control. 

El problema hoy en día radica en que el destino del propio Estados Unidos es incierto. Dado su tamaño y la relación histórica de este con todos los demás países del mundo, esta incertidumbre es un común denominador global. El presidente Trump deja por un lado acuerdos históricos, relaciones diplomáticas y relaciones bilaterales en un supuesto benéfico para su país, dejando en el limbo a países en los cuales su interferencia ha sido perpetua -no siempre beneficiosa- y la dependencia de estos últimos total. En fin, dada la historia y las condiciones actuales, nuestro futuro depende del destino que diseñe una vez para nosotros Estados Unidos de América. 

Para poder nosotros mismos definir nuestro propio destino debemos ser capaces de ejercer nuestra soberanía, haciéndonos responsables de lo que realmente implica ser soberanos. El presidente electo, Dr. Alejandro Giammattei puede pasar a la historia como el primero que forja ese destino y no caer en el cínico juego de aquellos pseudo gobernantes que exigen soberanía a conveniencia cuando no poseen ni la solvencia ni las condiciones para serlo.