Martes 12 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Octubre de 1944 y abril de 2015

Que Washington entienda que nuestro bienestar es su seguridad.

Fecha de publicación: 21-10-19
Por: ÉDGAR GUTIÉRREZ

Si las elites económicas no se comprometen con la modernización del país, ¿quién lo hará? En 1944-54 fueron jóvenes intelectuales liberales, oficiales militares de rango medio que aspiraban a liberar a sus pueblos (como los ejércitos de los países Aliados en la 2a. Guerra Mundial) y ciudadanos notables y cultos, como Jorge Toriello. En una palabra, fueron las clases medias urbanas. La Revolución de Octubre fue en realidad un programa integral de reformas políticas, económicas y sociales que finalmente pusieron a Guatemala en el siglo XX.

En 2007-19 se emprendió una serie de reformas para reconstruir el país con el Estado de Derecho como piedra angular. Por tanto, esas reformas estuvieron acotadas al campo de la justicia, aunque progresivamente iban ampliándose a la seguridad, recaudación de tributos y contralores. Otra vez los promotores fueron clases medias en funciones limitadas de gobierno y la restrictiva sociedad civil. Pero esta vez los ejecutores fueron básicamente extranjeros, quienes, bajo un mecanismo de cooperación multilateral –la CICIGdieron soporte a las instituciones para agarrar el chicote judicial a fin de poner en cintura a los transgresores de cuello blanco, cuya codicia e irresponsabilidad están condenando a Guatemala a ser “Estado fallido”.

Las reformas de 1944 estaban encaminadas a profundizar el mercado interno, que consistía en elevar la capacidad de producción y consumo de la población –pues de eso se trata una reforma agraria en todos los países capitalistas– y la promoción de políticas de industrialización, así como dar soporte real a lo que ahora llamamos, retóricamente, competitividad, pero que en realidad se basa en universalizar los servicios salud y educación, así como promover infraestructura estratégica, vial y energética. Las reformas de 1944 se promovieron desde el poder político, alentadas por el aire de la democracia en el mundo capitalista, pero fueron asfixiadas inmediatamente por las nubes oscuras de la Guerra Fría, que encubrían intereses comerciales espurios.

Las reformas y el chicote de 2015, encaminadas a darle oxígeno al orden legal, se impusieron desde fuera del poder político y, aunque hubo respaldo internacional, a última hora, Estados Unidos, bajo el control de un errático y pecuniario Trump, nos traicionó. En 1944 el clima de Guerra Fría nos frustró, pero los vientos de la recuperación económica nos hicieron crecer, aunque solo a medias.

En 2015 el clima global de defensa de la democracia y recuperación de la moral ciudadana de lucha contra la corrupción, nos apalancaron, pero las contrarreformas nos están asfixiando. El clima global de bajo crecimiento económico, migración incontrolada y ascenso de la xenofobia, nos son adversas.

A partir de ahora dependemos de dos eventos: que Giammattei y el nuevo Congreso entiendan su rol en la Historia, y de que los demócratas y republicanos moderados en Washington comprendan que nuestra estabilidad y bienestar, es su seguridad. La pregunta clave, como en 1944, sigue siendo: ¿los reformistas de las elites económicas quieren abrir su propia brecha para darle oxígeno a Guatemala, o seguirán sometidos al bullying social, el recorte de negocios internos y las amenazas de ser declarados parias sociales por los viejos e inútiles oligarcas, los clientes vitalicios del Estado?

De las elites reformistas depende nuestro rumbo. Los izquierdistas me podrán acusar y sentenciar de lo que quieran, pero la retórica nostálgica no cambia la realidad. Lastimosamente la izquierda no habla el lenguaje del pueblo y, perversamente, el crimen organizado ganó las ventajas que la izquierda como alternativa de vida perdió y el Estado nunca ocupó, más que para fregar a la gente