Martes 12 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Elecciones difíciles

Mientras mejor sepamos quiénes queremos ser, más fácil resulta tomar elecciones trascendentales.  

Fecha de publicación: 21-10-19
Por: Luis Fernando Cáceres

En lugar de facilitar el proceso buscando respuestas externas haríamos mejor en fortalecer nuestras capacidades normativas.

Piense por un minuto acerca de alguna ocasión en su vida cuando le resultó difícil elegir entre dos alternativas. A veces, cuando encaramos la necesidad de discernir entre dos caminos, el dilema surge entre rutas con poca incidencia en la vida –pastel de postre o quizá helado– pero otras pueden tener gran peso en la calidad de nuestra existencia –diferentes vías profesionales– sin embargo, en ambos casos el proceso de toma de decisión puede presentar la misma cuota de incertidumbre. ¿Por qué es que nos cuesta elegir tanto en ciertas ocasiones?

Ruth Chang, quien ha trabajado ampliamente en las áreas de ética normativa y teoría de acción, es una catedrática en la Universidad de Oxford y ha estudiado ampliamente acerca de este tema. Ella plantea el origen de la dificultad de elección de forma clara: “lo que hace que la elección sea difícil es la forma como las alternativas se relacionan entre ellas”. Lo que Chang plantea acá es que, si una alternativa es claramente mejor que otra en la percepción de quien toma la elección, entonces la decisión resulta fácil, pero elegir se torna dificultoso cuando una alternativa tiene ciertos factores que resultan superiores a la alternativa en comparación y a su vez la segunda tiene beneficios percibidos como superiores ante la primera. ¿Cómo elegir entre opciones que tienen aspectos positivos y negativos entre ellas?

Muchas personas ante esto recurren al popular listado de aspectos positivos de cada una y tratan de elegir a partir de esto. Raras veces esto resulta en un proceso de decisión más fácil. En una variación un tanto más sofisticada se ponderan ciertos aspectos y luego se les califica en alguna escala elegida. Esto tampoco facilita mucho el proceso. Y es que al hacer esto, suponemos que los valores como justicia, belleza o probidad sobre los que hacemos elecciones son sujetos a medidas numéricas como son las unidades de medición como longitud, masa y peso. Si se le pregunta a alguien qué bolso pesa más solo hay tres alternativas: pesan igual, a pesa más que b o b pesa más a.  Pero la comparación entre valores no sigue la misma relación numérica y, por lo tanto, no logramos facilitar el proceso con listas comparativas, incluso cuando se ponderan los factores.

Acá vale la pena reflexionar acerca de ciertas decisiones trascendentales en nuestras vidas que más bien nos resultan fáciles y no requieren planteamientos de adjudicación de peso como los listados antes mencionados. Entender las elecciones, ya sean fáciles o difíciles, en esta forma (sin contener atribuciones numéricas) descubre procesos electivos sobre nosotros que no conocíamos. 

Así que cuando enfrentamos elecciones difíciles en lugar de buscar respuestas externas, ya sea con listados u opiniones de amigos o expertos, lo que debemos hacer es buscar en nuestro poder normativo, es decir, dentro de nosotros. Al final no existe una mejor alternativa a otra, todo es relativo. ¿Mejor para quién? Algunas decisiones son muy difíciles porque no hemos decidido exactamente a dónde queremos ir o, más bien, en quién nos queremos convertir. Es decir, hay áreas de nuestro ser que no están definidas y la elección que nos aparece como una decisión difícil lo hace aparente. Saca a la luz, por así decirlo, la falta de definición en el diseño de nuestra vida. Visto de esta manera, la presencia de una elección difícil en lugar de ser una experiencia difícil debiera ser visto como una oportunidad de gran valor ya que nos presenta la cuestión más importante de ¿quién queremos ser? Dicho de otra forma, nos presenta la oportunidad de definir mejor la persona que estamos diseñando.

Al centro de todo esto está la clara necesidad de vivir una vida de diseño y no una de accidente en la que los factores externos rigen la ruta de nuestra existencia como lo hacen los vientos a una barca sin timonel. Mientras mejor sepamos quiénes queremos ser más fácil resulta tomar elecciones trascendentales.