Lunes 11 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Las palabras estado, nación, patria y matria

No lo olvidemos: la claridad de nuestro pensamiento y de las palabras que usamos tiene siempre graves consecuencias.

Fecha de publicación: 19-10-19
Por: Roberto Blum

El pensamiento sólido y ordenado requiere instrumentos transparentes: palabras claras y distintas. Sin ellos, el mundo que percibimos es confuso y nuestras conductas menos eficaces. Si nuestros propósitos no son firmes y nuestros fines no están bien definidos, nuestras metas pueden resultar inalcanzables. Pensar claramente es el arma más poderosa que los humanos tenemos. Un arma que en la actualidad parece estar perdiendo su filo y su eficacia.

Lamentablemente, muchas veces palabras como estado, nación, patria y matria no son para nosotros suficientemente claras y distintas. De ser así, estas palabras, indispensables en el mundo de la política, podrán generar desorden, desconcierto y confusión. Serán más bien un obstáculo de nuestras acciones. Sin embargo, hay instituciones y personajes públicos que encuentran en el uso de un lenguaje confuso un arma poderosa para manipular a sociedades enteras.

Es lo que está sucediendo frecuentemente en las redes sociales con los llamados “trolles”, que, según Wikipedia, “…son, en la jerga de Internet, individuos que comienzan a pelear o a molestar a las personas para distraer y sembrar la confusión y la discordia al publicar mensajes inflamatorios, extraños o fuera de tema en una comunidad en línea (como un grupo de noticias, foro , sala de chat o blog), con la intención de provocar en los lectores respuestas irracionales y altamente emocionales, y así normalizar noticias falsas y generar discusiones tangenciales, bien sea para la diversión del propio troll o para obtener una ganancia económica o política específica”.

En el mundo actual, donde las tecnologías de la comunicación nos han convertido en una “villa global”, en palabras de Marshall McLuhan, la economía, la cultura y la política ya no son asuntos puramente locales, sino que los sucesos aparentemente más insignificantes del otro lado del planeta nos afectan directamente a cada uno de nosotros. Los “tweets” del presidente Trump, por ejemplo, pueden iniciar una verdadera guerra en la inestable región del Medio Oriente, donde nacionales kurdos fueron atacados en Siria por el ejército turco; o bien esos mismos mensajes de tan solo 280 caracteres pueden provocar altas o bajas instantáneas en las economías nacionales de múltiples países.

Quizá, si deseamos entender un poco mejor lo que sucede en aquella convulsionada región del Medio Oriente y –lo más importante– cómo nos puede afectar a nosotros, los que vivimos a unos doce mil quinientos kilómetros de distancia, no solo habrá que tener en cuenta los condicionamientos e intereses geoestratégicos de los diversos Estados que hoy disputan, sino también los intereses legítimos de las diversas naciones que desean constituirse en verdaderos Estados, y el patriotismo natural de aquellos hombres y mujeres, unos todavía arraigados a sus matrias y otros violentamente expulsados de esos íntimos
territorios personales.

Estado y nación son palabras que representan conceptos muy diferentes. Mientras el Estado es una persona jurídica, la nación es un fenómeno sociológico, político y cultural. Allá, en aquellas lejanas tierras, “la nación kurda” desea convertirse y ser reconocida como “el Estado kurdo”, de manera semejante a como los judíos europeos aspiraban a tener su propio Estado en la tierra de Sión.

Los kurdos muestran su amor a su nación y a su tierra natural en el bello sentimiento que generalmente llamamos patriotismo, el amor a “nuestra patria”; y parece que ellos manifiestan un amor aún más íntimo y personal, que es el amor a ese terruño específico en el que nacieron y que identifican y defienden como “su matria”. No lo olvidemos: la claridad de nuestro pensamiento y de las palabras que usamos tiene siempre graves consecuencias.