Viernes 15 DE Noviembre DE 2019
Opinión

La insurrección de los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador

Hay que seguir luchando por reinstaurar una vida en armonía con la tierra, que es de todos los seres vivos, visibles e invisibles.

Fecha de publicación: 19-10-19
Por: Irma A. Velásquez Nimatuj

El maestro Stefano Varese uno de los antropólogos que ha usado esta disciplina para ponerla al servicio de la liberación de los mundos indígenas de las Américas y quien fue uno de los propulsores de la Primera Declaración de Barbados, en enero de 1971, escrita por diversos líderes indígenas, nos recuerda que hay que releer la validez de esa ruta, en el presente, a la luz de los acontecimientos del Ecuador.

En esta línea, frente a la poderosa e inspiradora fuerza colectiva de lucha que mantuvieron las y los hermanos indígenas del Ecuador durante 11 días, logrando derogar el Decreto 833, a pesar de la forma brutal e impune en que las fuerzas del Estado de Lenín Moreno, los asesinaron y reprimieron, hay que valorar la insurrección de los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador más allá del rol rastrero de la prensa oficial y oficialista de la mayoría de países.

Así como del silenciamiento intencional de la “comunidad internacional” que dentro y fuera de Ecuador mantuvo distancia por conveniencia de intereses y cuyo rol en el proceso de negociación dejó vacíos, pero no es de extrañar. Hoy esa, es la regla de esas instituciones.

Esto hace valiosa la insurrección indígena, esta “revolución india” que es orgánica –como escribió Varese– no fue solo contra el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, financistas nacionales e internacionales –que cada vez son más fascistas–, el neoextractivismo o el capitalismo cruel. Si no se trata de la permanente propuesta de los indígenas de las Américas, desde Standing Rock a Cajamarca, a Sarayaku, a Madre de Dios, a los millones de indígenas Andino-Amazónicos, a los Mapuche, Guaraní, a todos los pueblos originarios en aislamiento voluntario, de seguir luchando por reinstaurar una vida en armonía con la tierra, el planeta, que es de todos los seres vivos, visibles e invisibles.

Se trata del Sumak Kawsay, el Sumak Qamaña, el Kawsak Sacha, el Kametsa Asaike y de todas las milenarias filosofías y éticas indígenas que han enseñado a controlar los excesos del materialismo individualista y han ofrecido modelos de coexistencia socio-ambiental, bioética y de profundo respeto para la vida de las generaciones venideras.