Martes 12 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Orgullosamente mediocres

Si la democracia tuviera un mecanismo de evaluación vinculante que premiara o castigara el desempeño realizado, sin duda no les alcanzaría la vida para pagar el daño hecho a la sociedad.

Fecha de publicación: 18-10-19
Por: manfredo marroquín

La competencia que tienen quienes dirigen los poderes del Estado y por tanto son responsables del pobre desempeño institucional que nos condena al subdesarrollo, es tal que hasta pareciera que gustan lucir su mediocridad y hacer gala de la misma. Los datos y cifras son abundantes y apabullantes. No son juicios de valor, son resultados que salen a diario pero por aparecer aislados pasan desapercibidos e impiden ver el cuadro desastroso que nos dejarán de herencia. Si la democracia tuviera un mecanismo de evaluación vinculante que premiara o castigara el desempeño realizado, sin duda no les alcanzaría la vida para pagar el daño hecho a la sociedad.

Solo en una semana, salió a luz que el país perdió 20 puestos en el índice de competitividad durante los cuatro años del actual gobierno, un dato que por sí solo aleja a cualquier inversionista de gran escala; la inversión extranjera cayó casi dos por ciento en el primer semestre de este año y las agroexportaciones también registraron una sensible caída en casi todos los productos de agroexportación. Sabiéndose impune de su mal desempeño, el Ejecutivo se pavonea recitando el Himno Nacional y asistiendo a eventos donde tiene asegurados aplausos cómplices.

Pero volteemos a ver a los que más bulla están haciendo en este momento. El Organismo Legislativo con un presupuesto de medio millardo de quetzales para funcionar y cerca de dos mil empleados, tiene en su haber la aprobación durante todo lo que va del año, de ocho decretos legislativos, de los cuales dos corresponden a estados de sitio y dos a préstamos. Ni qué hablar del otro cincuenta por ciento que incluye la controversial ley tributaria para beneficiar al sector ganadero.

Por supuesto que sabiendo la calidad de representación que allí se encuentra dominando, es casi mejor aplaudir que no hayan hecho más. Pero el colmo del cinismo y de elevar la mediocridad a política pública, es ver que las únicas comisiones creadas para cumplir con la labor más importante de ese organismo que es fiscalizar la administración pública, se hayan constituido para reivindicar a señalados de corrupción y otros delitos, mientras que temas que afectan realmente a la población como la mala atención a desastres como ocurrió con los damnificados de la erupción volcánica, el recién colapso del libramiento de Chimaltenango y muchos otros temas que involucran cientos de millones gastados y con resultados cuestionables, no aparecen en la agenda de trabajo institucional.

Salvo contadas excepciones que corresponden a agendas y bancadas de partidos con representación minoritaria que hacen actos de fiscalización justificables, la agenda legislativa estuvo dominada por una mayoría ocupada en sus propios intereses de resguardo de impunidad y reparto de presupuesto con criterio clientelar. Tan les viene del norte los temas importantes que esta semana los miembros que dirigen la comisión de Finanzas que tiene a su cargo el examen y análisis del proyecto de presupuesto 2020, se ausentaron en sus funciones, y prefirieron irse de viaje a escasas semanas del plazo para su aprobación o improbación.

Si los países fracasan en su misión de llevar bienestar a la población por el mal funcionamiento de sus instituciones, seguir consintiendo al liderazgo responsable de utilizar las instituciones y los recursos solo para beneficio propio, es una actitud suicida que todavía las élites se niegan a abandonar.