Lunes 11 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Tercer País Seguro: bautizo de Giammattei

Fecha de publicación: 13-10-19
Por: José Luis Chea Urruela

En realidad, la idea de convertir parte del territorio de Guatemala en destino de esclavos o refugio de paupérrimos migrantes no es reciente. Ya en 1517, el piadoso dominico Fray Bartolomé de las Casas, agobiado por el sufrimiento de los indios, propuso al emperador Carlos V, la importación de esclavos negros para que se encargaran del extenuante trabajo que realizaban los esclavos indios. Así, ya a principios de 1550, esclavos negros se extenuaban en las haciendas dominicas en San Jerónimo Verapaz y en San Juan Amatitlán en la otrora Capitanía General.

Igualmente, entre 1802 y 1806, cientos de garífunas, provenientes de la isla San Vicente, y huyendo de la esclavitud, se establecieron en la desembocadura de Río Dulce, La Buga (La Boca) como hombres libres. El primer contingente desembarcó en 1802 al mando de un haitiano, Marcos Sánchez Díaz, en lo que posteriormente sería Livingston. Yurumein.

En 1861, el embajador del presidente Lincoln en Guatemala, Elisha Oscar Crosby arribó al país con una misión secreta, según lo narra él mismo en sus “Memorias”; negociar con Guatemala el establecimiento, en Las Verapaces, de una colonia de negros libres, provenientes del sur de EE. UU., ello con el propósito de evitar el exceso de población negra en el sur de su país porque según él, los negros nunca podrían constituir una raza distintiva en EE. UU. Sin embargo, Rafael Carrera “In Toto” y con razón, objetó dicho despropósito.

Este año, el presidente Trump, como parte de su política de reelección, y abandonando la tradicional agenda bipartidista en materia de política exterior de su país, propuso a cuatro países de la región, la idea de un TERCER PAÍS SEGURO. México y El Salvador NEGOCIARON propuestas alternativas, Guatemala la aceptó sin chistar y firmó en secreto, los términos de dicho acuerdo, de los cuales ni Giammattei tiene información.

La respuesta demócrata no se hizo esperar y de inmediato la poderosa Nancy Pelosi, acompañada por la militante congresista de origen guatemalteco, Norma Torres, visitaron por ocho horas nuestro país con el fin de criticar la política migratoria de Trump y reconocer los supuestos logros de la CICIG, convirtiendo con ello a Guatemala, en una extensión de las próximas elecciones presidenciales en EE. UU.

Sujeto a presiones del Imperio, ineludibles por la asimetría y la geografía, y aparentemente con un par de añejas denuncias e investigaciones en el MP, Giammattei no termina de aclarar si se opone “In Toto” a la propuesta del Presidente Trump. Sin embargo, las señales son inequívocas; su cercanía con el principal asesor de Thelma Aldana, José Carlos Marroquín, su discreto llamado a doblar la página en torno a la CICIG, el silencioso distanciamiento con varios militares de su entorno, su efusiva felicitación al nuevo Cardenal, entre otras, permiten intuir que el Presidente electo, hoy por hoy, está más cerca del “Deep State” que de la Casa Blanca.

En este estira y encoge, frente al baptisterio, bien haría Giammattei en recordar, como diría Kissinger, en tiempos donde los fuertes no tienen escrúpulos, la única opción de los débiles es la audacia. Aunque no sé si libres, lo haríamos mejor.