Lunes 11 DE Noviembre DE 2019
Opinión

La historia, la geografía y la política

La estrategia geopolítica de las naciones supera las decisiones de los gobiernos.

Fecha de publicación: 12-10-19
Por: Roberto Blum

 

Quinientos veintisiete años han pasado desde el momento en que Cristóbal Colón y sus acompañantes europeos otearon por primera unas tierras que no existían en la concepción geográfica de aquel mundo. El universo-mundo de la época solo eran Eurasia y África.

En los siglos quince y dieciséis, los dos Estados de la península ibérica, España y Portugal, tenían la posición geográfica ideal para convertirse en las dos grandes potencias imperiales. La península situada entre los dos mares conocidos, el Atlántico y el Mediterráneo, les proporcionó una enorme ventaja política y económica. España y Portugal se convirtieron en los países “alfa”. Con sus navíos, los dos Estados ibéricos dominaron el mundo entero. Trescientos años después, el dominio del mundo se había trasladado a una pequeña isla atlántica, Gran Bretaña, y a un país continental europeo, la Francia posrevolucionaria y republicana. Entre las dos potencias decimonónicas convirtieron prácticamente a toda África, Asia y Oceanía en colonias o protectorados sujetos al poder imperial hegemónico de ambos países europeos. La ventaja de uno fue su control de los mares y la del otro su fértil territorio, capaz de sostener a la mayor población del continente. Inglaterra, con unos 15 millones de habitantes al comenzar el siglo diecinueve, estaba en desventaja demográfica frente a Francia, que ya contaba con unos 30 millones. Mientras Gran Bretaña dominaba los “siete mares”, la Francia napoleónica intentaba apoderarse del “corazón del mundo”, mediante su invasión de Rusia, y poco más tarde asegurando múltiples y extrañas alianzas políticas e intervenciones militares extranjeras, como sucedió en la guerra de Crimea. En 1904, el geógrafo inglés Halford J. Mackinder presentó ante la Real Sociedad de Geografía del Reino Unido su teoría geopolítica, que sugiere que quien controla el “corazón de Eurasia” controla el mundo. Por su parte, el historiador y estratega estadounidense Alfred T. Mahan creía que la grandeza nacional de los Estados Unidos estaba inextricablemente asociada con el mar, con su uso comercial en la paz y con su control en la guerra. En cierta forma, estas dos seminales visiones geopolíticas pueden ayudarnos a comprender los acontecimientos internacionales del siglo pasado y del nuestro. Hechos estos que, sin alguna teoría explicativa, fácilmente podrían parecer absurdos e irracionales. Así, por ejemplo, la llamada “Guerra Fría” parecería, más que un enfrentamiento ideológico, un verdadero combate entre las dos grandes potencias que intentaban, e intentan aún, hacerse con el control total del planeta: los Estados Unidos, siguiendo la estrategia de Mahan, y Rusia, y ahora China, con “la ruta de la seda”, también persiguiendo la otra visión, la teoría geopolítica del inglés Mackinder. Las interminables guerras en Afganistán, primero con los ingleses, posteriormente con los soviéticos y ahora con los estadounidenses, son resultado de esas potencias imperialistas, que intentan controlar el estratégico “corazón geográfico del mundo”. La estrategia geopolítica de las naciones supera las decisiones de los gobiernos. Sin embargo, en ocasiones puede verse obstaculizada, o incluso descarrilada, por decisiones equivocadas de corto plazo. Tal podría ser el caso actual de los Estados Unidos, cuyo Presidente intenta destruir la estructura institucional internacional construida trabajosamente por ellos durante el siglo veinte. Diferentes son las conductas seculares de Rusia, que sigue intentando obtener salidas a mares templados, como en Crimea al Mar Negro, en Siria al Mediterráneo, y con Irán al Golfo Pérsico; o presionando a los países bálticos e impidiendo por todos los medios que Ucrania y Bielorrusia se acerquen a Europa Occidental. La creciente relación ruso-China es parte de la gran estrategia euroasiática frente al poder marítimo estadounidense. Parecería que la geografía sí es destino.