Martes 15 DE Octubre DE 2019
Opinión

Coqueteo con una crisis de Estado

La insoportable levedad de la política.

Fecha de publicación: 10-10-19
Por: Edgar Gutiérrez

 

Con presidente electo y a 96 días del calendarizado relevo del inquilinato en la Casa Presidencial, no parece que estamos en una transición de gobierno. En verdad, lo que califica el clima político es el coqueteo con una crisis de Estado, a causa de que Jimmy Morales y el Congreso continúan, con inusitado ímpetu, rompiendo la arquitectura de la República y traicionando la Constitución al desobedecer y escamotear en este año las sentencias del máximo tribunal constitucional, la CC.

Creo que va más allá de su atormentado deseo de salvar el pellejo después de que algunos de ellos pierdan la inmunidad. Me parece una patología general que apenas disimula la tardía inclinación autócrata de Jimmy Morales. Aunque es tarde, pues los planetas se le han desalineado en las últimas semanas. Por ejemplo, perdió la atención de la Casa Blanca. No tiene más qué ofrecerle, ni siquiera la eficacia de un acuerdo de “Tercer País Seguro”. Se le cayó el pretexto desde que la CC le dijo, palabras más, palabras menos: Ahí está su acuerdo, fírmelo, pero antes cumpla con el procedimiento constitucional de someterlo a votación en el Congreso.

Es tarde, sí, pero en política nunca es tarde. Tienen 96 días por delante para terminar de socavar las pobres bases republicanas y liquidar las ruinas de la democracia. Cuando un presidente y los líderes del Congreso asimilaron la mínima formación de Estado, actúan con previsible sensatez. Hace cuatro años el PP ordenó la retirada, consciente de que había perdido la guerra.

En cambio, Jimmy Morales y su tropa loca, analfabetas funcionales de Estado, desbocados, siguen sin entender dónde están parados. Por eso resultan impredecibles, y por eso mismo son y han sido fácilmente manipulables. Mi abuela decía que no hay nada más peligroso que los mediocres con poder e iniciativa. Jimmy Morales y sus compinches, Arzú hijo, Felipe Alejos, Javier Hernández, Armando Escribá, los Melgar Padilla, Alejandra Carrillo y otros, “no entienden que no entienden”, como diría Ríos Montt.

Ahora bien, hay gente poderosa que estaría muy complacida con una crisis de gobernabilidad traducida en crisis de Estado. Esa gente poderosa pertenece a la cúpula del crimen organizado y, por otra parte, a ciertas cúpulas ultraconservadoras acomodadas en la Guerra Fría. El crimen tiene plena conciencia de lo que puede ganar en un río revuelto. Los negados a salir de la Guerra Fría simplemente se aferran a su caverna, pero, entre tanto, sus ronquidos y relinchos pueden distraernos.

Lo curioso de este cuadro es que declaraciones presidenciales van, acuerdos legislativos vienen; la infantil desobediencia al máximo tribunal constitucional, va; arranques de macho viejo vienen, y no pasa nada. Diría Milan Kundera: es la insoportable levedad de la política. Y los guatemaltecos afirmamos: es la irrelevancia de los políticos.

La política es relevante para la gente porque, devastada, rompe los últimos hilos del Estado, es decir, de la necesidad de pertenencia, abrigo y seguridad. El Estado se inventó justamente para hacerse cargo, mediante una burocracia profesional, de esas funciones, mientras la gente procura el sustento, desarrolla las ciencias y las artes, y ejerce libremente sus cultos y creencias. Tributamos. Los políticos malsanos son relevantes porque desnaturalizan las funciones del Estado, son chambones y limpiabotas, pero, por otro lado, resultan buenos escamoteadores de los tributos.

Otra mala noticia es que el presidente electo dice, “a título personal”, que las cortes de justicia deben ser electas por el “pacto de corruptos”, a pesar de las ilegalidades del proceso detectadas por la CC. Ojalá que Giammattei no empiece alentando el desastre de Jimmy Morales y sus compinches.