Viernes 18 DE Octubre DE 2019
Opinión

Encender fuegos de independencia

Estos días de antorchas y fuegos “independentistas” uno se pregunta ¿qué Guatemala podemos celebrar?, ¿a cuál independencia podríamos referirnos?

Fecha de publicación: 16-09-19
Por: Marcela Gereda

Cualquiera que haya leído ensayos metódicos de historia de Guatemala, sabrá que no se le puede llamar “independencia” al acto de estar sometidos por un poder a pasar a ser sometidos por otro poder. Sabrá cómo la estructura agraria y económica de la Colonia se siguió extendiendo.

Estos días de antorchas y fuegos “independentistas” uno se pregunta ¿qué Guatemala podemos celebrar?, ¿a cuál independencia podríamos referirnos?

Observé una maratón de jóvenes de escuelas públicas de unos quince a veinte años, en Coatepeque, levantaban su antorcha con alegría, como quien quiere creer que el futuro puede ser diferente. Como quien quiere soñar que este país todavía tiene algo qué ofrecer.

Mientras les veía correr llenos de energía, alzando el fuego de la antorcha “independentista” impetuosamente entre la oscuridad de la noche, recordé algunas de las últimas noticias: muchos se niegan a aumentar el salario mínimo. Según el estudio Guatemala un Siglo Atrás, las mujeres mayas solo han crecido un centímetro de estatura en medio siglo.

El aumento es lento, y si se compara con otros países de la región. La Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que las mujeres en Guatemala tienen la talla media de una niña de 11 años bien nutrida. Según datos de UNICEF el 49.9 de la niñez sufre desnutrición crónica. Eso quiere decir que uno de cada dos niños en Guatemala es desnutrido.

Reconozco que no conozco lo que es el hambre. Nací blanca y privilegiada. En la mesa donde mis papás siempre hubo espacio para invitados. Y para invitar a los amigos de mis amigos. Pero esa no es la suerte de todos. Aquí la mayoría no vive sino sobrevive.

Nos ha faltado visión para buscar romper con las causas (pobreza) y no solo combatir las consecuencias de la  desnutrición.

Pienso en las nuevas generaciones haciendo y construyendo nuevos horizontes de esperanza como la campaña Nútreme #Yomequitolavenda, como plataforma educativa sobre la desnutrición en Guatemala para actuar y direccionar hacia los necesarios caminos y las debidas políticas públicas de nutrición.

Vuelvo a los chavos antorchistas: corriendo acaso ingenuos bajo la lluvia de un país que les ofrece educación limitada, salarios mínimos y que probablemente muchos de ellos tendrán que buscar mejor suerte en Estados Unidos, recuerdo las recientes palabras en el Desayuno de Oración Nacional frente a Jimmy Morales y otras autoridades, del lúcido gimnasta profesional Jorge Vega: “Desde hace muchos años la educación no ha cambiado, la salud no ha mejorado, la desnutrición no ha cesado y la seguridad ha empeorado”. “Lo digo yo, un ciudadano que ha luchado contra toda adversidad y con mucho esfuerzo y sacrificio he logrado salir”. “Al final del día, sus seres queridos y la justicia pueden perdonarlos, pero el pueblo no olvidará y de la justicia divina nadie escapará”.

Corrían contentos sin saber qué patria o nación celebrar. Corrían alzando un fuego que quiere ser libertad y aunque la avasalladora realidad y las estadísticas demuestran que las opciones para estos jóvenes parecen estar reducidas a la calle o la migración, quiero creer que las estadísticas se equivocan, que alguien escuchará las palabras de Jorge Vega, que la campaña Nútreme se convertirá en política pública, que los más de sesenta años de tantos trabajadores que han denunciado la desnutrición y la falta de oportunidades y educación tendrán algún eco; poder construir y forjar un nuevo país desde la libertad, la esperanza y la utopía para encender así fuegos de independencia.