Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

El aislamiento internacional como motivo de orgullo

La práctica usual de los déspotas.

Fecha de publicación: 16-09-19
Por: Édgar Gutiérrez

Sandra Jovel insulta la mejor tradición de nuestro servicio exterior. Deja en ruinas la Cancillería; buena parte del equipo político-diplomático más calificado y experimentado ha tenido que salir. Ella levantó una imagen grotesca de Guatemala ante el mundo, que no corresponde a lo que somos. A falta de argumentos, gritó y golpeó la mesa de más de algún canciller. Su inhabilidad diplomática la sustituyó con afrentas. Según su peculiar saber y entender, desaira países amigos y organismos multilaterales, al nombrar representantes del mismo perfil de ella o bien cerrando nuestras representaciones en países clave como Suecia.

Jovel es la canciller idónea para este gobierno. Cumple la misión de aislar Guatemala del concierto de las naciones liberales. En apenas dos años echó al traste más de tres décadas de arduo reposicionamiento del país en los foros multilaterales, que es donde mejor puede promover sus intereses un país pequeño. De un plumazo nos regresó a los aciagos años ochenta.

Imprimió el cinismo como marca de nuestras relaciones internacionales. Introdujo el nacionalismo a la carta. Presentó denuncias absurdas de injerencia de los países de la Unión Europea. Lanzó airados reclamos sin sustento contra la CICIG: que sobrepasó el mandato, que intervino en asuntos internos etcétera. Eso sí, cual rastreros, se ofrecieron a complacer a Trump en todo. Por eso, traicionaron a los migrantes; voltearon la mirada cuando en la frontera mataban a nuestros niños. Jovel llegó a justificar que los enjaularan.

Trump no les apretó del cuello para mudar la embajada a Jerusalén, y lo hicieron a sabiendas de que socavaban el principio constitucional de abogar por la paz y no alimentar guerras. Serviles, ofrecieron nuestro territorio como depósito (¿o infierno?) de migrantes. En suma, nos despojaron de dignidad como país, a cambio de obtener el permiso para desbaratar el más importante esfuerzo de combate contra la corrupción y, así, ganar su propia impunidad.

La diplomacia traduce y hace valer el interés nacional. Jimmy Morales y Jovel empequeñecieron el interés nacional al tamaño de su nariz. Es la práctica usual de los déspotas. En un régimen democrático, es grave delito de traición a la patria. El canciller es el portero que celosa y hábilmente evita goles. Morales y Jovel deliberadamente nos marcaron autogoles en momentos decisivos. Y siguen haciéndolo.

Cerrar la embajada en Estocolmo es infame y ruin. Otro tiro al pie cuando deberíamos seguir aprendiendo a transitar en una globalización agreste. Su hígado les gobierna y por esa inflamación tendremos que pagar otra factura onerosa.
Suecia es un Estado liberal, una potencia en los organismos multilaterales, muy importante en Europa y aliada de Estados Unidos. Suecia nos ofrendó su amistad sincera. Ha sido leal y generosa con Guatemala, y con los guatemaltecos a quienes nuestros gobiernos sistemáticamente les dan la espalda. Suecia nos ayudó a alcanzar la paz política y nos sigue acompañando. En mal momento nos envió a uno de sus más notables diplomáticos, Anders Kompass, valorado en el mundo por su integridad, puesta a prueba.

¿Cuál fue su pecado? ¿Tender la mano a los excluidos de la sociedad, en particular los pueblos indígenas? Es increíble el alcance de la intolerancia de este gobierno a la  diversidad de pensamiento.

Giammattei hereda unas relaciones internacionales hechas trizas. Le conviene enviar señales claras a Estocolmo sobre el interés de su gobierno de no perder a un amigo incondicional. Sería el primer gesto promisorio para buscar la salida del tenebroso túnel al que Morales  condenó al país durante cuatro años.