Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Temblores que matan

“Cuando la cobardía es más fuerte que el amor”..

Fecha de publicación: 11-09-19
Por: Anabella Giracca

 

Los pueblos plasman su ADN en el arte. Ahí dejan su huella digital. Cada giro artístico celebra, llora, denuncia, susurra, ama, eterniza el espíritu de las culturas. El arte es testimonio, es historia. Es síntesis. Es cúmulo. Es “orgullo nacional”. No apreciarlo, o peor aún, no preservarlo, es síntoma del horror que provoca la sola idea de no poderse ver reflejado en el adagio de una melodía, en las voces de una expresión escénica, en las comas de una poesía, en las páginas libres de una novela, en los codos de un edificio, en los ritmos de una danza, en las curvas de una escultura, en las sombras de un lienzo, en la pantalla grande de una sala de cine. ¿Le tememos a la mirada que interpreta, a la que denuncia, a la que testifica?

Podemos ser muchas cosas a la vez. Muchas artes a la vez. Porque, en resumen, es ahí donde habita nuestra identidad. Porque un país sin arte es como un río sin agua; una vida sin musas ni besos. Porque si existe un corazón, su puerta ancha está hecha de música, zapateos, matices, palabras… vida, magia, lunas y manzanas.

Censurar el arte puede ser uno de los atentados más desafortunados contra el espíritu de un pueblo. Guillotina infeliz. Afrenta a todo tipo de emancipación.

La cultura es la expresión diversa de lo que somos, creemos y hacemos, y el cine es una forma muy versátil para darla a conocer. No es casualidad que en la revolución mexicana se le haya asignado un rol protagónico a las producciones cinematográficas. Por eso, nuestro vecino país del norte tiene una gran tradición en estos menesteres artísticos que han anclado su identidad y hasta han goteado la nuestra.

Pero además, el denominado “séptimo arte” puede ser un medio fascinante de ejercicio de libertad de expresión; de acceso a la información; de desarrollo de capacidades de pensamiento crítico y reflexión.

Pero, ¿cómo se refleja en un espejo una sociedad que permite o intenta boicotear una película? Pues para usar una metáfora apropiada: como una sala de cine sin proyección alguna: es decir, totalmente oscura. Vacía. La censura es absurda. Solo nos deja rezago, opacidad y temor.

En redes sociales deambulan comentarios “moralistas” que intentan, efectivamente, boicotear la reciente película de Jairo Bustamante, Temblores. Insólito. Al pretender evitar que alguien vaya al cine, está fomentando la censura. O sea, ¿castigar una expresión artística, reprimirla, por el simple hecho de no estar de acuerdo con el tema? Cada quien es libre de ir o no ir a ver una película, pero montar una nueva campaña oscurantista, inquisidora, no nos deja bien como sociedad. ¿Miedo? Eso pasa cuando la cobardía es más fuerte que el amor.