Domingo 15 DE Diciembre DE 2019
Opinión

De la alcoba presidencial al Mariscal Zavala

Itinerario del suicidio político de Sandra Torres lleno de realismo mágico.

Fecha de publicación: 11-09-19
Por: Gonzalo Asturias Montenegro

La mañana del 15 de enero de 2008, después de su primera tarde y noche como primera dama, Sandra Torres de Colom, debió de salir de la alcoba presidencial para tomar un reconfortante café matutino, acompañándolo con sus primeros dos grandes y suculentos propósitos: cogobernar con su marido Álvaro Colom, y sucederle en el cargo presidencial.

Cogobernar fue una tarea fácil porque en el gobierno, su esposo era y proyectaba debilidad e indecisión, en tanto que ella mostraba carácter fuerte. Del libro Rendición de Cuentas del ministro de Finanzas del gobierno de los Colom, Juan Alberto Fuentes Knight, transcribo solo dos breves retratos, de los muchos que hace, de los dos gobernantes. De Álvaro dice que una de sus mayores debilidades era “que tomaba una decisión y luego la cambiaba, y dejaba en el aire una impresión de indecisión.” A Sandra, en cambio, la presenta “como un “tractor”, que empujaba lo que ella creía que era necesario, muchas veces sin tener en cuenta las consecuencias inmediatas.”

Según el relato de Fuentes Knight, “la primera dama no solo iba a estar en el gabinete sino que estaría a un nivel equivalente al del vicepresidente… Su participación en el gabinete sería determinante y cogobernaría… Y desde el principio del gobierno se comenzó a mencionar la posibilidad de que ella sucediera al presidente Colom como próxima presidenta.”

Según Fuentes Knight, Sandra fue una especie de primer ministro, que tuvo la capacidad “de impulsar sus propias acciones sin el apoyo del presidente o incluso contra su voluntad.” Wow.

En Rendición de cuentas, se lee: “No faltaba quien dijera que se requería una posterior patrulla de atención a emergencias para atender a los heridos y los daños provocados después de la implementación de sus programas o acciones; y la prisa por hacer las cosas que no siempre iba acompañada de la mejor asesoría. Incidía para que despidieran a funcionarios sin contemplaciones, en ocasiones justificadamente y en otras con base en un torpe criterio de fidelidad política.”

Sandra rebuscó dinero en todas las gavetas del gobierno, para tener el mayor volumen posible de fondos para los programas sociales que dirigía, reduciendo, por ejemplo, aquellos dirigidos a la construcción y mantenimiento de las carreteras, porque, según Sandra, estos no generaban empleo, como se lee en Rendición de cuentas. ¡Increíble!

Para dirigir los programas sociales, Sandra creó un gabinete propio, en el que participaban varios ministros, el cual llegó a tener más poder que el propio gabinete de gobierno, según relata Fuentes Knight, quien, por cierto, aclara que pesó mucho en su renuncia al cargo ministerial, enterarse de un supuesto acuerdo, según el cual, una empresa de telefonía no pagaría más impuestos a cambio de un aporte a la campaña de Sandra.

Como la Constitución Política no le permitía ser Primera Dama y candidata presidencial, Sandra se divorció de su marido, para participar en las elecciones de 2011, lo cual la opinión pública lo tomó como una ambición desmedida de poder y de fraude de ley. Como se sabe, la candidatura terminó por ser desestimada por la Corte de Constitucionalidad.

Cuatro años después, en 2015, Sandra conformó una plataforma más masticable a la clase media urbana, la cual estaba (!y está!) muy consciente y asqueada de la corrupción del gobierno de la UNE y de Torres. Para ello, llevó como candidato vicepresidencial a un empresario azucarero y de la construcción, condueño de Cayalá, quien fue pieza eficaz para conseguirle a la UNE un financimiento millonario, que, como en parte no fue reportado, condujo a que hoy ese ex candidato vicepresidencial esté prófugo de la justicia; Sandra, sujeta a juicio; y su partido, en proceso de cancelación. Como se recordará, en esas elecciones, un político inexperto, cómico de profesión, sin mayores recursos económicos, Jimmy Morales, le ganó a Sandra el pulso electoral porque, con sus acciones, ella ha creado un gran antivoto de carácter irreversible y mortal.

En esta campaña de 2019, que recién acaba de concluir, Sandra volvió a competir por la Presidencia, con un tecnócrata como candidato vicepresidencial, no obstante que ambos diferirían en muchos criterios, como, por ejemplo, que ella era anti CICIG y exponente de la vieja política, en tanto que, su compañero de fórmula, era pro CICIG, con criterios más actualizados.

En el curso de la campaña, Sandra cometió errores garrafales: la población vio mal que no quisiera debatir públicamente con el candidato con el que compitió en la segunda vuelta electoral; al votante le causó desagrado que rehuyera responder a las preguntas de los periodistas relacionados con los audios en los que se oye su voz, hablando de lo que era un delito, como es el financiamiento electoral anómalo; la opinión pública vio con desagrado que Sandra retorciera la Ley de Femicidio para alejar a los fiscales que la investigaban y para callar a elPeriódico, un medio periodístico que no se dejó poner esparadrapo en la boca, y que valientemente denunció inclusive los vínculos de Sandra con el narcotráfico.

En una patrulla, custodiada por policías, Sandra será llevada mañana a comparecer ante el Juzgado de Mayor Riesgo A, para seguir escuchando las imputaciones que se le hacen por asociación ilícita y financiamiento electoral anómalo, las cuales representan una de las últimas investigaciones de la CICIG.

Sandra está ahora en las postrimerías de un itinerario político (¡suicidio político!), que partió de la alcoba presidencial para terminar en la cárcel del Mariscal Zavala, en lo que es una historia llena de realismo mágico.

gasturiasm@gmail.com