Martes 17 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Sin empleos y sin futuro

Como cualquier otro arte adivinatorio, tal tipo de predicción depende de múltiples contingencias imposibles de identificar de antemano.

Fecha de publicación: 10-09-19
Por: Hugo Maul R.

 

El avance en las tecnologías de la información y comunicación, la mecanización de los procesos, el uso de inteligencia artificial y el avance de la robótica redibujan momento a momento el paisaje de las las relaciones productivas y laborales. Avances que se caracterizan por sustituir trabajadores en ocupaciones que requieren poca educación y especialización y, en algunos casos, a trabajadores en ocupaciones sofisticadas. Predecir el futuro del trabajo en este entorno es muy difícil, sino imposible. Como cualquier otro arte adivinatorio, tal tipo de predicción depende de múltiples contingencias imposibles de identificar de antemano. Por ejemplo, a mediados de los años cincuenta nadie hubiera podido predecir que Corea del Sur, un país mucho más pobre que Guatemala en ese entonces, se convertiría en la potencial mundial que es hoy. Dicho sea de paso, el país que más robots utiliza hoy en sus procesos productivos a pesar que a mediados de los años cuarenta era eminentemente agrícola. Ni el más consumado zajorín hubiera podido prever tal cambio, mucho menos prever el tipo de empleos que dicha revolución generaría en Corea del Sur 70 años después.

Ante tal panorama es obligado preguntarse cómo se prepara Guatemala para ese futuro previsible sobre todo, si se considera que el país parte de una regulación laboral inspirada en los procesos productivos y tecnología de mediados de la década de los años cuarenta. Cuestión que no sería un problema si tal regulación fuese de carácter muy general, de manera que permitiera la adaptación de las normas específicas al cambiante entorno. Lamentablemente, ese no es el caso; por una parte, dicha normativa se inspira más en la corrección de desigualdades sociales y ampliación de la esfera de derechos de los trabajadores que en la capacidad de los procesos productivos de adaptarse a los constantes cambios tecnológicos y productivos. Además, por la otra parte, dicha normativa está “ultra rigidizada” debido a que en la Constitución Política quedó plasmada una especie de “mini” Código de Trabajo, que “graba en piedra” una multiplicidad de normas laborales. Para muestra, un botón: la atávica postura sindical contra el uso del trabajo por tiempo parcial; a lo que se suma la particular interpretación de estas normas por parte de los operadores del sistema de justicia. Resultado: imposibilidad de adaptación de la regulación laboral a los nuevos modos y tecnologías productivas. Consecuencia: imposibilidad de adaptar la generación de empleo formal a dicho cambio. Problema: incapacidad para preservar los empleos existentes de cara a la revolución tecnológica que se avecina e incapacidad para crear condiciones mínimas que permitan aprovechar los empleos que el futuro trae consigo. Predicción: sin empleo y sin futuro.