Miércoles 18 DE Septiembre DE 2019
Opinión

¿Qué hay detrás de la matanza en El Estor?

Una operación inútil y suicida.

Fecha de publicación: 09-09-19
Por: Édgar Gutiérrez

 

La guerra del narcotráfico está de vuelta. El cruel ataque a los soldados la semana pasada en El Estor puede ser el inicio de una escalada de violencia. Y no es casual. Durante este gobierno ha venido dándose un reacomodo de los narcos, especialmente en el oriente y nororiente. Las grandes estructuras, como la de Los Mendoza, Lorenzana, Orellana e incluso Los Zetas –que controlaban extensas franjas de territorios desde Honduras hasta México– se han fragmentado, casi siempre por pujas de poder tras la extradición de los capos.

En cada municipio de esas regiones hay ahora un pequeño líder que controla a sangre y fuego “su” territorio, e invierte en la política para cooptar alcaldías, las pequeñas unidades policiales y cualquier otra manifestación de presencia del estatal relacionada con la seguridad y la justicia. El Estado ha cedido a los grupos criminales amplios bolsones de territorio, y en los últimos años su ausencia ha sido más notoria en la prestación de servicios básicos.

Estamos retornando a la etapa predatoria del crimen organizado, cuyo rasgo característico es el recurso bárbaro de la violencia. Esa etapa la padecimos agudamente en la década de 1990 y hasta 2002. También entramos a ese túnel entre 2006 y 2011 con la irrupción de Los Zetas que con ensañamiento rompían las reglas transaccionales de los negocios ilícitos.

Quizás una descripción más aproximada a la fase del crimen organizado a la que nos asomamos sería que la conducta de rapiña y asalto violento se entrecruza con la fase parasitaria, es decir, de corrupción o asociación con autoridades del gobierno central. Esta conexión es clave para la expansión territorial de las estructuras criminales.

Al reconstruir lo ocurrido en estos días, llama la atención: a) Enviaron una reducida tropa no bien apertrechada y sin orientación de inteligencia a una zona de alto riesgo, b) cualquier informe de inteligencia destacaría que los narcos pagan a líderes locales y estos son capaces de poner como escudo humano de los criminales a mujeres y niños, que es lo que ocurrió en El Estor, c) el Ejército ha cumplido una misión marcada en los Acuerdos de Paz al evitar choques con la población civil (en eventos críticos en San Marcos, Huehuetenango e Izabal, las tropas han depositado sus armas en las manos de los delegados del PDH e incluso se dejan desarmar o abandonan el terreno con tal de no tocar a los civiles descontentos), d) todo apunta a que los mandos tácticos (¿y estratégicos?) de la operación en El Estor enviaron a los soldados como corderos al sacrificio y es que, e) un buen informe de inteligencia también diría que no tenía sentido localizar una pista en El Estor, cuando los narcos estaban aterrizando en la Costa Sur, o sea, la misión fue inútil y suicida.

Jimmy Morales –cara hinchada– se mostró compungido ante la masacre de los soldados. La tragedia sirvió de argumento para decretar estado de sitio en 22 municipios de seis departamentos. ¿En base a qué criterios se seleccionó el territorio? En el mapa, las áreas en las que se suspenden garantías civiles y políticas dibujan un círculo casi completo que se abre en Izabal abarcando buena parte de la frontera con Honduras, se ensancha ligeramente en Baja Verapaz, se come todo el valle del Polochic, hasta cerrar al sur de Petén. Se trata de una buena parte de las áreas que controlaban Los Mendoza, Lorenzana, Orellana y Zetas.