Lunes 6 DE Abril DE 2020
Opinión

Respuesta al Dr. Gert Rosenthal respecto al precio de los medicamentos en Guatemala

Fecha de publicación: 04-09-19
Por: Dr. Román Carlos B.

Apreciado Dr. Rosenthal,

Por motivos profesionales he tenido el privilegio de conocerlo personalmente, tanto a Ud. como a su culta esposa, quien por cierto es Médico y Cirujano, graduada en Estados Unidos. Con ambos he sostenido pláticas que me han ilustrado sobre cultura y sobre diversos temas que han enriquecido mi conocimiento científico y, sobre todo, mi acervo cultural. Ha sido un verdadero privilegio conocerlos a ambos.

Respondiendo públicamente a su atinado artículo, tiene TODA la razón; el precio de los medicamentos en Guatemala es, con certeza. el más alto de América Latina y probablemente del mundo; esto irónicamente, en un país con la mayor tasa de desnutrición crónica del continente, incluso por arriba de países como Haití. Ocupamos un bochornoso 6o. lugar a nivel mundial.

Esto tiene una sola respuesta: CORRUPCIÓN.

Los millones de dólares pagados en comisiones a funcionarios corruptos en el sistema de salud pública, y en entidades como el IGSS e incluso financiamiento para otras actividades que entregan estas empresas no son gratis, su precio lo paga el enfermo. Usted, como gran economista sabe que no hay almuerzo gratuito.

Eso sí, las grandes empresas farmacéuticas transnacionales se cuidan muy bien las espaldas; esas prácticas corruptas las expondría a multas multimillonarias en sus países de origen. Por ello, las coimas se entregan vía droguerías como J.I. Cohen y de testaferros como Gustavo Alejos y un señor de apellido Jarquín, quien por cierto es dueño de un piso completo en el Edificio Sixtino II, en donde se atiende a médicos a cuerpo de rey, durante cursos e incluso congresos “científicos”, en donde se sirven viandas y finos licores, preparados por su hijo, quien es un connotado chef. Eso no se llama “ayuda” a la ciencia, se llama grave conflicto de interés.

Las empresas farmacéuticas gastan mucho dinero invitando a médicos y odontólogos de diversas especialidades a almuerzos y cenas caras, una práctica prohibida en países desarrollados, en donde la ética y la decencia se anteponen a intereses personales. Los médicos que las aceptan pueden ser sujetos a sanciones, e incluso a la cancelación de la licencia de práctica profesional. Obviamente, eso no ocurre en Guatemala en donde se ve como algo “normal”. Todo esto tiene un alto costo económico.

El caso Pisa es un claro ejemplo, la muerte de 43 personas (son más), sin que haya un solo culpable condenado, un reflejo más de nuestro sistema de corrupción e impunidad. Dr. Rosenthal, la salud jamás debería ser vista como una simple mercancía, es un derecho humano.

La muerte de un gran médico, el Dr. Carlos Mejía, no fue provocada por una “bala perdida” que tuvo la “casualidad” de ser tan certera que le penetró la columna cervical, provocando su muerte instantánea. El luchaba contra estas lacras, que roban y estafan cifras multimillonarias. Otro de los tantos crímenes impunes en nuestra Guatemala. Eso sin hablar del control de calidad de muchos medicamentos fabricados por farmacéuticas nacionales, provenientes de India, etcétera.

Interesantemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha dado una importante voz de alarma, el mayor problema de adicción a nivel mundial, no es la cocaína, ni la heroína, ni las actuales drogas sintéticas… es la adicción a opiáceos, prescritos irresponsablemente por profesionales de la salud para el alivio del dolor. Esta adicción epidémica representa el 37 por ciento de muertes por adicción en el mundo… casi cuatro de cada 10 muertes… ¿qué diferencia hay entonces entre el Chapo Guzmán y empresas farmacéuticas y quienes recetan irresponsablemente estos medicamentos?… la diferencia estriba simplemente, en el número de muertes y el hecho de que uno sea legal y el otro ilegal. Debido al férreo control sobre estos medicamentos en países desarrollados, actualmente, las farmaceúticas han enfocado su mercado multimillonario a países como Guatemala, en donde no hay control alguno. Visitadores médicos promueven estos medicamentos incluso en consultorios dentales, en donde hay profesionales graduados, sin una base sólida de farmacología.

Esa es la verdadera razón por la cual el precio de los medicamentos es exorbitantemente alto, en un país en donde reina la miseria: CORRUPCIÓN. Cada Ministro de Salud saliente, gerente o presidente de la Junta Directiva del IGSS sale siendo uno de los tantos millonarios exprés.