Martes 17 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Guatemala de contrastes

Fecha de publicación: 24-08-19
Por: Editorial

Por un lado, unos celebrando un cónclave de despedida; por el otro, otros celebrando un cónclave de redención. Unos, invocado la ley de los hombres y denunciado lo poco que esta se cumple en Guatemala; los otros, invocando la ley divina y reclamando lo lejos que los guatemaltecos están de Dios. En uno, un selecto grupo de lo más altos representantes de la justicia secular; en el otro, un selecto grupo de los representantes de la justicia celestial. En uno ausentes la mayoría de autoridades y élites locales; en el otro, ausentes la mayoría de la élite de la sociedad civil. Ambas reuniones atestadas de seguidores profundamente convencidos de la rectitud de sus ideas; en cada una de ellas, muchas personas profundamente convencidas que la culpa de todo la tienen los del otro cónclave. En ambas asambleas, silencio total por parte de los protagonistas principales de lo poco que ha cambiado la vida del guatemalteco como consecuencia de sus respectivas luchas.

Nadie medianamente honesto podría estar en contra de la lucha contra la corrupción; metafóricamente hablando, hasta los mismos demonios apadrinan esta lucha para la buena marcha de la cosa pública. Nadie medianamente religioso podría estar en contra la práctica de la caridad y el amor al prójimo; metafóricamente hablando, hasta los mismos demonios reconocen la importancia de estas virtudes para la buena marcha de los afanes de los hombres. Independientemente quién tenga más o menos razón en el debate en torno a la CICIG; sin importar quién cometió más o menos errores; de cuál de los lados es más legítimo y justo; lo único cierto es que mientras ambos lados no reconozcan la necesidad de dejar los odios y revanchismos de un lado, nada cambiará. Guatemala necesita que la lucha contra la corrupción llegue hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga, cueste lo que cueste; Guatemala necesita también que pongamos en práctica la solidaridad y que cumplamos con lo que manda la ley en todos nuestros actos. No hay medias tintas; mientras esto no suceda, no habrá ni prosperidad ni justicia en Guatemala. Es necesario reconocer que todos somos parte de la solución, pero también parte del problema. En caso contrario, bien vale la pena recordar la amonestación que Jesucristo nos hiciera en Mateo 5:20: “si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán… en el reino de los cielos”.