Lunes 17 DE Febrero DE 2020
Opinión

El problema del pez y del agua

¿Cómo puede el arte contemporáneo ayudarnos a comprender Guatemala?

Fecha de publicación: 16-08-19
Por: Carol Zardetto

Vuelvo a referirme al Simposio de Arte Contemporáneo “Pasos a Desnivel” que se realizó en fechas recientes. Arrancó con la reflexión cajonera: la dificultad de comprender la evolución de las expresiones artísticas hasta llegar a las abstractas representaciones que se aglutinan bajo el nombre de “arte contemporáneo”. Esta nueva expresión deja atrás la concepción de la obra artística como “objeto de valor” para transformarse en una experiencia actual para el receptor, quien también deja de ser un “observador” pasivo para imbuirse en una experiencia que lo cuestiona. La experiencia resulta efímera. Nada quedará de la situación una vez terminada la exhibición, excepto la memoria del acontecimiento.

Según Rosina Cazali, la idea de contemporaneidad se problematiza porque estamos inmersos en ella, como un pez en el agua. El momento actual es existencia pura y, aunque resulte curioso, de eso que llamamos “existir” poco comprendemos. Somos entonces como los peces que saben poco del agua, aunque están unidos a ella.

Claro que toda la sesuda reflexión, no descorre del todo las cortinas para la comprensión de la compleja gama de acontecimientos, experiencias y expresiones que entran dentro de la categoría “arte contemporáneo”. Y quizá la dificultad suprema de esta incomprensión está en la dificultad de comunicar. Muchas propuestas me parecen un enigma. Necesito preguntar ¿de qué se trata? Y entonces, viene una explicación que es discurso. Permanece mi constante pregunta: ¿Por qué las artes visuales necesitan de un discurso basado en el lenguaje?Una digresión sobre la que se volvió una y otra vez, fue la cuestión de si Guatemala podía representar la contemporaneidad dado que (según la tesis de algunos expositores y moderadores) “nunca había entrado siquiera a la modernidad”. Ignoro las razones que sustentan dicha afirmación.

Según yo lo entiendo, la Revolución de 1871 construyó el Estado-Nación, justamente con el propósito de hacer entrar a Guatemala en la modernidad. El problema de esa modernidad surge cuando imaginamos que nuestro país podía parecerse a un país europeo. Para que los países del primer mundo pudieran experimentar la plenitud de la modernidad y el capitalismo, precisaban de las materias primas y la mano de obra barata del tercer mundo. Así, los países tercermundistas son soporte de la modernidad primermundista a través de una nueva ola de colonialismo disfrazado de “inversión extranjera”. En otras palabras, la modernidad está casada con la colonialidad que la posibilita.

Guatemala ha vivido la historia de la manera en que nos han permitido vivirla: sujeta a los condicionamientos del poder hegemónico del primer mundo. Guatemala es profundamente contemporánea y, a diferencia del agua de los peces, aquí la existencia sí se siente porque pesa.