Lunes 16 DE Diciembre DE 2019
Opinión

El fantasma del abstencionismo

Fecha de publicación: 14-08-19
Por: Editorial

En la segunda elección presidencial celebrada el pasado domingo (11 de agosto), el porcentaje de abstencionismo registrado fue del orden del 57.3 por ciento, que solamente ha sido superado por el porcentaje de abstención alcanzado en la segunda vuelta electoral celebrada el 26 de diciembre de 1999, que se situó en 59.61 por ciento, atribuido fundamentalmente a que tuvo lugar en época navideña, y por el porcentaje de abstención que se registró en la segunda vuelta celebrada el 7 de enero de 1996, que fue del 63.15 por ciento, también atribuido a que tuvo lugar en una fecha cercana a las vacaciones de fin de año.

El porcentaje de abstención registrado el domingo pasado fue mayor que los porcentajes de abstención registrados en las segundas vueltas electorales celebradas en 1985 (37.62 por ciento), en 1990 (54.74 por ciento), en 2003 (53.2 por ciento), en 2007 (51.7 por ciento), en 2011 (39.17 por ciento) y en 2015 (43.68 por ciento).

El abstencionismo también se ha manifestado en las primeras elecciones (elecciones generales), aunque en menor proporción: En 1985 fue 30.72 por ciento, en 1990 fue 43.56 por ciento, en 1995 fue 53.2 por ciento, en 1999 fue 46.24 por ciento, en 2003 fue 42.1 por ciento, en 2007 fue 39.8 por ciento, en 2011 fue 30.62 por ciento, en 2015 fue 28.67 por ciento y en 2019 fue 38.16 por ciento.

El ausentismo en las urnas en la segunda elección celebrada el pasado domingo, tiene varias explicaciones: 1) La autoridad electoral eliminó de la contienda a dos de los presidenciables con mayor intención de voto (Zury Ríos y Thelma Aldana), extremo que generó tremenda sospecha y frustró al electorado; 2) Los presidenciables (Alejandro Giammattei y Sandra Torres) que obtuvieron las dos primeras mayorías relativas en la primera elección no entusiasmaron suficientemente al electorado; 3) La pésima ejecutoria de la autoridad electoral en la organización y el escrutinio con motivo de la primera elección celebrada el 16 de junio, así como las graves deficiencias detectadas en el sistema informático y la alteración de actas de las juntas receptoras de votos, lo que generó una tremenda desconfianza entre el electorado y que está bajo investigación del Ministerio Público (MP); 4) La tolerancia insoportable del clientelismo político, el vacío de información político-electoral y la falta de fiscalización del financiamiento electoral ilícito proveniente del crimen organizado; y 5) Las decisiones ilegales y discrecionales adoptadas por la autoridad electoral durante el proceso de elecciones, entre ellas la cancelación de unos partidos y de otros no, bajo las mismas condiciones; las inscripciones y las revocatorias de inscripciones de candidatos; el intento de control abusivo de los debates, entrevistas y foros durante la campaña electoral; el intento de retener los teléfonos celulares de los fiscales de los partidos; la asignación antojadiza de la propaganda mediática; así como el obsceno despilfarro de recursos.

En todo caso, a pesar del abstencionismo, la segunda vuelta electoral se desarrolló con relativa normalidad, gracias, en primer lugar, al voluntariado que nuevamente se esforzó por sacar adelante la tarea; en segundo lugar, a la observación y fiscalización sobre la autoridad electoral de los grupos de presión (prensa independiente, opinión pública, redes sociales, organizaciones cívicas y políticas, observadores internacionales, etcétera); y, en tercer lugar, a las investigaciones de las deficiencias en el sistema electoral llevadas a cabo por el MP, que han venido desembocando en persecuciones penales.