Lunes 19 DE Agosto DE 2019
Opinión

Ayudarnos todos y ayudar a todos

La ley del embudo dice que todo para acá, y poco o nada para allá.

Fecha de publicación: 13-08-19
Por: Carlos A. Dumois

 

Ya he hablado de clasismo y humanismo en un artículo previo. Ahí dije que los humanistas intelectuales de hoy sostienen que una sociedad clasista nunca podrá prosperar bien, y que nuestras empresas no serán la excepción. Por tanto, para que nuestras empresas prosperen bien y que promuevan el bien prosperar de nuestra sociedad, deberán ser empresas humanistas, es decir, que no sean clasistas.

Si el clasismo típico es el que discrimina a los que tienen poco, resulta que en nuestras empresas hay clasismo; hay diversas clases. Estas clases pueden ser pocas o muchas, dependiendo de las circunstancias de cada empresa, pero hay algunas que no suelen faltar.

Está la clase de los de más abajo: los que se encargan de la limpieza, los choferes, etcétera, que ganan un salario independiente de la excelencia con que hagan su trabajo. No tienen carrera universitaria, ganan poco y deberán seguir ganando poco.

Luego están los de en medio, que hoy suelen tener carreras universitarias e incluso posgrados, como las asistentes ejecutivas (antes secretarias), los dedicados al manejo de las agendas de los altos ejecutivos y los que manejan sus itinerarios (viajes, vuelos, hoteles, etcétera), los que preparan los materiales para las distintas actividades, en fin, todo un aparato para el buen desempeño de las empresas. Estas personas también ganan un salario independiente de la excelencia con que hagan su trabajo.

Finalmente está la clase de los de arriba, quienes además de un alto sueldo de base, ganan también y principalmente en función de la excelencia de su trabajo (porcentajes, bonos, etcétera): son los de ventas, los altos ejecutivos y los dueños. Todos estos pueden no tener carreras universitarias ni posgrados, y muchos no los tienen. Lo que los caracteriza es tener sus mentes y sus actividades puestas en el dinero, de manera no específica; a diferencia de los de en medio y los de abajo, que tienen sus mentes y sus actividades puestas en la excelencia del específico trabajo que realizan.

Los de arriba ganan en relación a lo que gana la empresa; más los dueños, con el riesgo de perder en sus inversiones; y menos los altos ejecutivos y los de ventas.

Los de abajo ganan salarios fijos, que pueden y suelen aumentar un pequeño porcentaje cada año, además de tener pequeños premios, como por puntualidad y otros. Los de en medio tienen eso más algunos incentivos, como algunos pequeños bonos por calidad en su trabajo, etcétera. Es difícil que los de en medio sean ascendidos al nivel de arriba; y es muy raro que los de abajo sean ascendidos al nivel de en medio.

La realidad de todo lo anterior es que el mercado capitalista premia a quienes tienen sus mentes y sus actividades enfocadas en el dinero, con independencia de la especificidad de sus trabajos. El dinero manda.

Se dice que los de arriba ganan mucho porque son los que traen dinero a la empresa, y sin ellos la empresa llegaría incluso a la quiebra. Pero lo mismo puede decirse de los de abajo y de los de en medio. Por ejemplo, sin los de abajo, sucia y sin la debida limpieza, una empresa como Walmart se quedaría sin clientes y llegaría también incluso a la quiebra; y lo mismo puede decirse del trabajo de los de en medio, si sus productos y la organización de las tiendas no fuera de calidad.

En el mundo capitalista los de arriba han organizado el mercado, sus leyes y sus estructuras, de forma que el dinero mande, y de que haya clases sociales laborales de modo que los de arriba se enriquezcan con el fruto del dinero logrado con el buen trabajo de todos, sin que haya grandes diferencias que justifiquen las grandes diferencias de sus ingresos. Todos son adultos que se dedican a fondo.

Pero todos esos trabajos, todos valiosos en lo que aportan a la sociedad, han sido estructurados por los de arriba en clases escalonadas, donde los de arriba son los mayormente beneficiados, y menos los de en medio, y mucho menos los de abajo. Entonces ¿por qué o para qué ayudar a estos últimos?

Se requieren críticas serias.

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Carlos A. Dumois es Presidente y Socio Fundador de CEDEM.

* “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois.